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Recuerdo del Lago Lomond de Gustave Doré

Publicado por A. Cerra

El artista francés Gustave Doré ha pasado a la Historia del Arte como uno de los mejores ilustradores de libros de todos los tiempos. Y él recreó con sus dibujos algunas de las grandes obras de la literatura universal como por ejemplo Don Quijote de la Mancha de Cervantes. Pero además de eso, Doré también realizó su carrera como pintor. Y una buena muestra es este paisaje del Lago Lomond en Escocia. Una obra de 1875.

Recuerdo del Lago Lomond de Gustave Doré

En realidad, Doré pese a su éxito como ilustrador, lo cierto es que se dedicó toda su vida la pintura, y especialmente al género del paisaje, el cual lo trabajaba siguiendo los criterios imperantes de su época. Es decir que nos presenta paisajes y vistas siempre con un espíritu dramático, volcando sus estados de ánimo o sus meditaciones en esas vistas. Las cuales en muchas ocasiones pueden ser tanto de tipo pintoresco como espacios de atmósferas sublimes. Eso sin duda le emparenta con los grandes paisajistas del Romanticismo, con el alemán Caspar David Friedrich al frente.

Por otra parte hay que tener en cuenta los muchos viajes que realizó Doré, que le llevaron por distintos países de Europa, maravillándose con ciertos espacios naturales de las montañas de Francia, de Suiza o de Austria. Y también le apasionaron las tierras de Escocia, donde realmente trabajó mucho la acuarela. Él mismo confesó que había “regresado impresionado de ese bello país, tan agreste y novelesco”.

Y como ejemplo sirve este cuadro de Recuerdo del Lago Lomond. Un cuadro que resume sus condiciones para el paisaje. Doré elimina la presencia de los hombres en sus vistas. Se quiere detener únicamente en los detalles de la naturaleza, en sus árboles, sus rocas o los cursos de agua. Y por supuesto le atrapan los efectos de luz. En este caso los rayos de sol que se filtran entre los típicos negros nubarrones de los cielos escoceses.

Con todos esos elementos tiende a componer vistas espectaculares. En esta ocasión ha buscado plasmar la belleza de esa naturaleza salvaje. Una naturaleza fuerte, resistente a un clima duro, un lugar que él se ha detenido a contemplar, a extasiarse con él y su poderío. Le da incluso cierto tono de trascendencia y espiritualidad. Algo sin duda muy del gusto del arte romántico.

Desde luego, es una buena muestra de sus dotes para la pintura, y concretamente para el paisajismo. Y aunque Doré reunía cualidades para ello, nunca fue muy apreciado en esta faceta de pintor, algo que le molestaba bastante. Pero es que su prestigio como ilustrador hacía ensombrecer esta otra faceta. Al igual que sus trabajos como escultor son prácticamente desconocidos, tanto en su época como hoy en día.

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