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Gustave Courbet (I)

Publicado por Chus

autorretrato-de-courbet.jpgJean Desiré Gustave Corbet nació en Ornans, cerca de Besançon, en el Franco Condado, pues su padre era un pequeño propietario de tierras, constituyendo su infancia campesina y pueblerina un marco de referencia para el pintor en el resto de su vida. Debe además a su ambiente familiar su concepción de un tipo femenino trabajador y dulce, que esconde su sensualidad en un romanticismo tolerado por las costumbres provincianas, totalmente opuesto al tipo femenino seductor de la mujer libre de las ciudades, cuya imagen acabará por imponerse en sus años de madurez.

Comenzó sus estudios de dibujo en Ornans, pero luego entró en el Colegio Real de Besançon y obtuvo el permiso para estudiar con el discípulo de David, Antoine Flajoulot. Éste le enseña un estilo de un clasicismo correcto, a medio camino entre David y Gros, que le fue suficiente para darle los principios básicos del oficio. Una de sus primeras obras fue el “Retrato de su padre”, donde la luz cae sobre su mejilla y frente, desvelando así la fisonomía del retratado que aparece con la visera de la boina ligeramente inclinada, apoyando su brazo izquierdo en la parte de atrás de la silla y la derecha la coloca dentro del chaleco. Estos aspectos de la realidad visual los utiliza el pintor para dejarnos ver los valores morales que para él representa su padre, al que admira sobremanera, que son la honestidad y la simplicidad.

Cuando fallece Flajoulot en 1840 se instala en París, estudiando con el pintor Hesse, que practica una enseñanza más liberal. Allí frecuenta los museos, copia las obras de los maestros venecianos, españoles, holandeses y flamencos de los siglos XVI y XVII. Pero serán los cuadros de Delacroix los que más hondamente le impresionen. Sabe que un ciclo de la historia del arte se terminó con David y que Delacroix, Géricault, Gros, etc., anuncian una nueva energía y una libertad desconocida hasta entonces. En 1841 realiza un viaje a Le Havre que le emociona profundamente como él mismo reconoce en una carta que escribe a sus padres, ya que descubre el mar. También comienza a realizar sus famosos autorretratos, los que le han hecho merecedor de la fama de narcisista, de egocéntrico, como si su personalidad le intrigase y emocionase tanto que tuviese que plasmarla en distintos momentos, hasta llegar más tarde a afirmar sin modestia su superioridad moral y artística. En 1842 pintó el cuadro “Courbet con un perro negro” que remite a Giorgione y Poussin, con el que se da a conocer al gran público. También por estos años comienza a buscar un lenguaje más cotidiano que satisfaga las necesidades de las nuevas clases pequeño burguesas que empiezan a proliferar entonces, solicitando escenas más íntimas y tranquilas. Así mezcla el lenguaje ilustrado del clasicismo y del romanticismo con otro tipo de vocabulario más vulgar, como puede apreciarse en obras como “La Hamaca”. En la misma época, hacia 1844 pintó un bello retrato de su hermana “Juliette” en el que destaca una nota de frialdad, de acritud incluso debido al empleo de colores fríos y al dibujo que une con suavidad el gesto del rostro de la joven y la oreja visible de tamaño y forma poco armónica. Este cuadro fue rechazado por el Salón de 1845, motivo por el que Courbet escribe” Los cuadros pequeños no dan gloria, debo de realizar un cuadro de gran formato que me de a conocer”.