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Repostando comida de Tetsuya Ishida

Publicado por A. Cerra

Una de las figuras más relevantes del arte japonés de los últimos años ha sido Tetsuya Ishida (1973 – 2005). Sin embargo su corta vida, apenas permitió que desarrollara todo su genio creativo. Aún así sus cuadros, extraordinariamente críticos con el sistema capitalismo y la sociedad contemporánea nipona son obras muy valiosas y cotizadas.

Repostar comida de Tetsuya Ishida

Un buen ejemplo es esta obra Repostando comida que hizo en el año 1996. La imagen es lo suficientemente explícita. Es como si nos sentaramos en la barra de un bar y nos obligaran a comer rápidamente y el alimento sea sobre todo funcional, nada de placer, simplemente unos robots nos hacen ingerir. O, ¿también somos nosotros robots?

Sin duda a Ishida le preocupa la excesiva tecnología de la sociedad actual, y que los valores económicos primaran sobre los humanitarios. Además hay que tener en cuenta que cuando él comenzó a pintar a inicios de los años 90, Japón estaba viviendo una dura crisis que llevó al país a la recesión.

Él plasma como la población vive incomunicada y está controlada por fuerzas ocultas y que escapan a su poder. Crítica las formas de trabajo, pero también se centra en muchos cuadros en el sistema educativo porque más que formar y educar se está ayudando a la alienación de la persona desde niños.

Crítica el consumismo, la especulación, los procesos que convierten a los hombres en autómatas. Es una crítica constante y por supuesto es fruto también de su situación personal, y es que él no llegó a vivir de estas pinturas. En realidad, invertía lo que ganaba en su arte, y formaba parte de esa alienación que envuelve a los japoneses. Tenía un trabajo que no le ocupaba toda la jornada laboral y lo poco que ganaba lo destinaba a comer siempre lo mismo, lo más barato, para luego comprar materiales de pintura en una tienda económica.

Es decir que él mismo era un buen representante de la visión que tenía de sus paisanos. Una sociedad en la que hay conceptos como el karoshi que es morir por exceso de trabajo, o donde muchos jóvenes se aíslan por completo y desarrollan una vida virtual.

Por eso él se autorretrata y retrata a todos sus compatriotas con protagonistas en sus cuadros que son personajes absolutamente neutros, sin ninguna cualidad que los individualice y nos permita distinguirlos o recordarlo. A esa sensación igualmente ayudan los tonos fríos que siempre bañan esas imágenes. El resultado son personas que parecen cosas, algo que por momentos tiene toques delirantes e incluso surrealistas.

En esa misma línea también podemos entender su muerte, la cual no está claro que fuera un suicidio, aunque parece lo más probable. Sencillamente fue atropellado dentro de su coche, ya que se quedó parado en medio de un paso a nivel ferroviario, y fue arrollado por el tren. No se puede asegurar si fue un accidente o un suicidio, pero viendo su arte, su visión del mundo y su modo de vida, es probable que decidiera acabar con todo a la edad de 32 años.

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