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Reproducción prohibida, Magritte

Publicado por Laura Prieto Fernández

El retrato siempre ha sido uno de los géneros más desarrollados por artistas de todos los tiempos y todos los estilos, desde la antigüedad hasta el arte contemporáneo prácticamente todos los artistas han realizado algún retrato a lo largo de su carrera. Quizás los verdaderos retratos, aquellos que han sido catalogados por los expertos como bueno, no sean solamente pinturas que representan al modelo físicamente sino que el pintor ha sabido representar la faceta psicológica del modelo, ese más allá que hace único a cada persona.

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En este sentido, la obra que aquí analizamos representa una nueva dimensión, La reproducción prohibida de Magritte se aleja del retrato tradicional negándonos la parte más importante de este, el rostro. René François Ghislain Magritte nació en 1898 y falleció en Bruselas en 1967; está considera como uno de los máximos exponentes de la estética surrealista pero además el artista supo dotar a sus lienzos de un estilo muy particular, con una fortísima carga conceptual que hace reflexionar al espectador a la vez que pone en entredicho los parámetros del arte y aún más de la lógica tradicional.

En esta ocasión nos encontramos ante un óleo sobre lienzo de formato vertical y pequeñas dimensiones – apenas mide unos ochenta y dos centímetros de altura y tan solo sesenta y cinco centímetros de anchura- la obra se exhibe en el Museo Boijmans Van Beuningen de Rotterdam. En el lienzo encontramos a un hombre que por su complexión adivinamos o creemos que sea de mediana edad, aparece trajeado y bien peinado, con el pelo engominado hacia atrás. El modelo aparece mirándose en el espejo sin embargo, para nuestra propia sorpresa, el espejo no nos devuelve el rostro del espectador sino que de nuevo nos encontramos con su espalda; su reproducción ha sido prohibida.

Al fijarnos de una manera más detallada en el lienzo podemos apreciar cómo junto al hombre, aparece en la estantería un libro cuyo reflejo sí aparece invertido, evidenciando una vez más, la imposibilidad del reflejo del hombre. En este punto podemos señalar como el artista, influido por los acontecimientos históricos en los que Europa se encontraba sumergida (el auge de los totalitarismos y la Segunda Guerra Mundial) niega el retrato del hombre en favor de la colectivización, un grito desesperado en el que este hombre en concreto podría ser cualquier otro.

La capacidad artística de Magritte juega una doble vertiente al presentarnos una obra estéticamente formal muy correcta: con la luz que proviene de un foco externo, una lograda perspectiva… a la vez que lo conjuga con el surrealismo de imágenes imposibles que se escapan de toda matriz lógica.

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