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Retrato del Cardenal Richelieu de Champaigne

Publicado por A. Cerra

Philippe de Champaigne (1602 – 1674) había nacido en Bruselas, pero antes de cumplir los 20 años, en 1621 se trasladó a París, y ahí dadas sus extraordinarias cualidades para el retrato, alcanzó gran éxito y pintó a los grandes personajes de su época. Y por supuesto entre ellos se cuenta el poderoso Cardenal Richelieu, al cual vemos en esta obra de la National Gallery de Londres.

Retrato del Cardenal de Richelieu de Champaigne

Tal vez el éxito de Champaigne fue por su capacidad para evolucionar y ajustarse al gusto de los nuevos tiempos y también de su selecta clientela francesa. De ahí que paulatinamente se fuera desprendiendo del espíritu más vitalista y festivo de sus referente flamencos, o sea, Rubens y Van Dyck, y fue creando una estética mucho más severa y naturalista, sobre todo a partir de 1645.

Sin embargo este gran lienzo (260 x 180 cm), pintado en la década de los 30 del siglo XVII, todavía no se ha imbuido por completo de ese espíritu más austero. Al fin y al cabo está retratando a uno de los hombres más poderosos de Francia y de toda Europa, y el boato es una seña de identidad.

Lo vemos en unas estancias palaciegas, cubierto bajo un enorme cortinaje que casi le sirve de palio, y además viste ropas de opulento lujo. El personaje no es otro que Armand Jean du Plessis, duque y cardenal de Richelieu (1585 – 1642), el cual es primer ministro del rey, pero en la práctica es el gobernante de Francia desde 1624 hasta su muerte.

Sus méritos políticos fueron varios. Consolidó la corona francesa, que en los años siguientes iba a ser el máximo exponente del Absolutismo. Además creó la marina mercante gala y una potente armada militar. Se enfrentó al poder del Imperio Austriaco, aplastó a los hugonotes y muchos otros triunfos políticos y diplomáticos. En definitiva, actuaba en la práctica casi como un rey. Sin embargo, no podía retratarse como tal.

Aún así trataba de posar como un monarca. Por ejemplo, tradicionalmente los cardenales siempre había posado sentados. Sin embargo, él se hacer retratar de pie, como lo hacen los reyes. Y como no puede mostrar el cetro real, coloca el birrete cardenalicio en un gesto similar.

Hay muchos otros detalles que hablan de la personalidad del retratado y del saber hacer del retratador. Por ejemplo, nosotros los espectadores siempre vemos este cuadro desde abajo, por lo que nos empequeñece. Además él nos mira desde ahí arriba, con un cabeza rodeada de un halo oscuro, y el punto claro de su piel es como la cima de una pirámide que crea el ampuloso manto carmesí. Sin duda, es una obra oficial que recurre a todos los efectos y teatralidad necesaria para remarcar el poder y la altivez del personaje. Buena muestra de ello es que Alexandre Dumas se inspiró en retratos como este de Champaigne para escribir en el siglo XIX sobre Richelieu en sus célebres Los tres mosqueteros.

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