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Vanitas de Champaigne

Publicado por A. Cerra

El pintor Philippe de Champaigne (1602 – 1674) alcanzó una considerable reputación en su época. Siendo originario de Bruselas, desde joven se asentó en París y allí desarrolló prácticamente toda su carrera trabajando para importantes personajes como el propio rey Luis XIII de Francia o el poderoso Cardenal Richelieu. Además de que hizo destacados retratos a personajes relevantes de su tiempo.

Vanitas con calavera de Champaigne

No obstante, seguramente su gran obra sea esta Vanitas que hoy se conserva en el Museo de la Tesse de la ciudad francesa de Le Mans.

Una obra que como otras semejantes del arte barroco nos habla del imparable paso del tiempo y de lo absurdo que es preocuparse por ciertas cosas materiales. Sin embargo, en este caso se trata de una obra que no es un encargo o un cuadro de moda, en realidad traduce muy bien el pensamiento de este artista.

La hija de Champaigne había sufrido una dura enfermedad que la postró en una parálisis que se creía permanente. Sin embargo entró en contacto con el movimiento religioso de Janseísmo en el convento de Port Royal de París, y allí de forma inexplicable sanó su hija. Así que él se hizo gran devoto de esta corriente espiritual. Un movimiento que promueve la austeridad y el seguimiento severo de las creencias católicas.

Y con ello cuadra estupendamente el espíritu de esta obra. Vemos en el centro la brutal imagen de una calavera que nos habla claramente de la muerte. Es el símbolo más evidente de la misma y su presencia central y su tamaño domina este peculiar bodegón. Mientras que a su lado está el reloj de arena, que obviamente está representando el fluir del tiempo que puede ser lento pero que jamás se detiene. Es implacable y a su paso, tarde o temprano todo acaba muriendo. Por ejemplo al otro lado asistimos a los últimos momentos de vida de un tulipán. Ya no es una flor hermosa, ni nos trasmite alegría. Se trata de algo ya mustio y que ha perdido toda su belleza. Es decir que todo se acaba, las riquezas, la hermosura, la gloria,…

Lo cierto es que Champaigne se impregnó de ese pensamiento y además pudo retratar a gran número de personas seguidores de esa corriente. Pero en paralelo prosiguió desarrollando una próspera carrera pictórica en la que no le faltaron otros cuadros de carácter más decorativo. Y de hecho, curiosamente uno de los grandes referentes de su arte fue el colorido arte de Tiziano, cuyos planteamientos artísticos poco tenían que ver con el espíritu janseíta. Además, Champaigne fue uno de los artistas que fundaron la Real Academia Francesa de Pintura y Escultura. Sin embargo, su arte fue pasando un poco de moda conforme el barroco iba alejándose del clasicismo hacia fórmulas más ornamentales y rebuscadas, como las que representaba artista más de moda al final de su vida, Charles Le Brun.

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