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Retrato Isabel de Portugal, Tiziano

Publicado por Laura Prieto Fernández

No resulta extraño que los grandes pintores de cada época se dedicasen a retratar a los personajes más insignes de su tiempo ya fuesen nobles, clérigos o incluso reyes; lo que no resulta tan común es que estos pintores se dedicasen a retratar a personajes que no conocían y que ya estaban muertos, estas son dos de las características que encontramos en el retrato de Isabel de Portugal realizado por el artista renacentista Tiziano. Realizar un mal retrato de la realeza no era en absoluto un asunto baladí, más de un pintor había tenido serios problemas por ello de manera que realizar una obra sin haber conocido a la modelo no resultaba en absoluto sencillo y sí una gran responsabilidad.

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En el año 1539 el emperador Carlos I de España y V de Alemania ordenó a uno de los artistas más insignes de su época la realización de un retrato de su difunta esposa. Tiziano Vecellio, más conocido sencillamente como Tiziano (1477 – 1576) fue el responsable de realizar la obra. En vida Tiziano ya gozó de una gran fama y esplendor trabajando para los mejores comitentes de su tiempo, su estilo personal e inigualable le llevaron a ser considerado como uno de los mejores exponentes de la escuela veneciana junto con Tintoretto y Veronés.

Como ya señalamos con anterioridad, el artista nunca llegó a conocer en persona a la emperatriz por lo que a la hora de realizar el lienzo tuvo que basarse en una composición de un pintor de segunda fila. A día de hoy el autor del famoso lienzo sigue siendo un misterio aunque algunos expertos hablan de la posibilidad de que se tratase de un lienzo del pintor español Diego de Arrollo, de algún artista flamenco como Scrouts o Vermeyen e incluso se ha especulado con que podría ser Seisenegger, autor de origen austriaco. Sea como fuere y según se refieren las crónicas, lo cierto es que el lienzo no debía de presentar una gran calidad técnica pero sí cierto realismo en la representación de la dama lo que le valió a Tiziano para inspirarse.

El artista siguió la misma composición en el retrato que el resto de artistas clásicos situando a la retratada en uno de los lados del lienzo, es te caso en la izquierda, y sedente, dispuesta en diagonal con un libro en la mano y sin prestar atención al espectador. La emperatriz aparece engalanada con un gran traje y multitud de joyas preciosas que han sido representadas con sumo detalle. A su lado se abre una gran ventana que nos permite observar el paisaje natural y en donde el artista demuestra un gran dominio de la perspectiva.

Parece ser que pese a todo la obra fue del gusto del monarca ya que el rey de la casa de los Austrias se la llevó consigo durante su retiro al monasterio de Yuste. El lienzo también pasó por el Monasterio de las Descalzas Reales de Madrid y a día de hoy, se exhibe en el Museo del Prado.

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