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Retrato de la infanta Isabel Clara Eugenia de Sánchez Coello

Publicado por A. Cerra

Este retrato realizado con la técnica del óleo sobre lienzo por el pintor español Alonso Sánchez Coello en el año 1579, en la actualidad se expone en el Museo del Prado de Madrid, una pinacoteca cuyos orígenes precisamente son las colecciones de arte de la monarquía hispana, y lógicamente este retrato de una infanta formaba parte de esas colecciones reales.

Infanta Isabel Clara Eugenia de Alonso Sánchez Coello

Infanta Isabel Clara Eugenia de Alonso Sánchez Coello

El arte de este importante retratista del Renacimiento español está muy vinculado a dos artistas.
Uno de ellos fue el pintor flamenco Antonio Moro, autor de numerosos retratos en varios países, pero también en España, donde trabajó para el rey Felipe II. Durante esos años, Antonio Moro y Alonso Sánchez Coello estuvieron en contacto. E incluso ya se había conocido previamente cuando Sánchez Coello realizó un viaje a Flandes.

Y la segunda gran influencia es el arte del italiano Tiziano. Sin duda, Sánchez Coello quedó completamente fascinado por el arte del grandísimo pintor veneciano, quién había sido el artista favorito del anterior rey y emperador Carlos.

La mezcla de ambas influencias genera un estilo propio donde predomina la mesura, la sobriedad y los tonos siempre muy elegantes. Algo que se nota especialmente en sus obras de retratos, ya que Alonso Sánchez Coello tiene otra vertiente de su arte, como una temática de carácter religiosa, donde se nos muestra mucho más artificioso, o sea, más influido por el arte manierista.

En cambio, aquí vemos una creación que tiende sobre todo a lo armonioso. Y nos presenta a la infanta en una postura que se mantiene como una composición y pose oficial para los retratos de la corte, prácticamente hasta los años de Velázquez. Esa pose no es otra que mostrar al personaje en un retrato de tres cuartos, siempre de pie y apoyado en una silla, y con un fondo neutro, que haga destacar al personaje.

En este caso, el objetivo no era otro que ensalzar a la infanta, la cual por cierto era la hija favorita de Felipe II, quién con el tiempo la nombró gobernadora de los Países Bajos. El pintor desde luego se explayó en todos los detalles que le proporcionaba el vestido y las joyas que llevaba la niña, pero al mismo tiempo ha sido captar esa mirada altiva de la joven. La cual nos mira directamente, pero lo hace en una actitud distante y muy propia del rango de la realeza que ostenta.

Categorías: Pintura, Renacimiento