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Ta Matete de Gauguin

Publicado por A. Cerra

Una de las características que más llaman la atención en las telas de Paul Gauguin es su colorido. Y también ocurre en este cuadro de 1892 titulado Ta Matete o El mercado. Una obra que realizó durante su estancia en la Polinesia Francesa y que hoy es propiedad del Kunstmuseum de Basilea.

Ta Matete de Gauguin

Y el secreto de ello radica en su peculiar paleta, diferente para cada obra, pero en la que siempre hay unos colores imprescindibles. Entre ellos el blanco de cinc, el amarillo de Nápoles, el amarillo ocre, el bermellón, el rojo laca, el violeta, el azul de ultramar y el de Prusia, así como los verdes esmeralda y de verde cobalto. Unos colores que en muchas ocasiones aplica sobre telas que más que finos lienzos son arpilleras, que además usa sin encolar, lo cual le otorga más opacidad y unas condiciones de absorción de pintura que sabe explotar el artista. A lo que además suma que también añade cera al color, que todavía lo más espeso y opaco.

Por otro lado, destaca que Gauguin rara vez usa la espátula. Él es un pintor de pincel. En definitiva, que su tratamiento del color es de lo más personal, incluso usa mezclas que muele él mismo, de ahí el grano tan destacado que se ve en su material pictórica.

Lo primero que hacía sobre la tela era aplicar un fondo blanco. Y ahí calcaba su dibujo, consistente en el perfecto perfilado de figuras y formas. Define los contornos y sus zonas de color, y luego los cubre al mismo tiempo que construye el modelado de cada elemento con colores lisos. Es en esa sucesión y vecindad donde está el arte de Gauguin, jugando con los efectos entre complementarios.

Sin duda el resultado final tiene un aspecto de lo más primitivo, algo buscado por el artista, tanto por el ambiente que retrata como por algunas influencias a las que rinde homenaje, como al arte del Antiguo Egipto, ya que las mujeres tahitianas que aquí representa nos pueden recordar por su perfil y postura, a mujeres pintadas en algunas tumbas del Egipto faraónico.

De hecho la composición tiene idéntica simplicidad, sin embargo el ritmo y la viveza es mucho mayor gracias al ritmo que provocan los colores de los vestidos de esta especie de friso femenino ubicado en la exuberante naturaleza tropical que cautivó al pintor francés, que vio en esos paisajes y en esas gentes una vuelta a las orígenes y a la esencia del arte. Un arte de aspecto indómito, por eso su tratamiento tan libre y fuerte del color dio origen a una de la corrientes de vanguardia que siguieron al Postimpresionismo. Nos referimos al arte fauvista, que se traduce como salvaje.

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