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Virgen con el Niño y San Juanito de Morales

Publicado por A. Cerra

Este óleo pintado sobre tabla pintado por el artista español Luis de Morales, también conocido como El Divino Morales forma parte del patrimonio artístico de la Catedral Nueva de Salamanca.

El apodo de El Divino ya nos indica que gozó de una gran fama en su tiempo, sobre todo por su capacidad de impactar por la espiritualidad que imprimía a sus obras de carácter religioso, que en realidad protagonizan toda su producción pictórica.

Virgen con el Niño y san Juanito de Morales

Virgen con el Niño y san Juanito de Morales

Esta tabla es un buen ejemplo de las características estilísticas de este pintor del siglo XVI, cuyo arte se puede clasificar como propio de un artista que vivió a caballo entre el Renacimiento y el Manierismo, siendo muy clara la influencia de esa última corriente estética en sus cuadros.

Aquí vemos a la Virgen sentada en una roca al aire libre. La Virgen hace de asiento de su hijo Jesús, quién está jugando con la imagen de un San Juan Bautista también niño, cuya denominación familiar y también sagrada es de San Juanito. Y que aquí es identificable no sólo por los textos bíblicos, sino también por el simbólico cordero en miniatura que lleva en su mano izquierda.

Al observar las posiciones de todos los personajes se ve que el artista las estudió detenidamente para hallar una representación plenamente armónica. Pero más allá de esa cuidada composición, se descubren detalles que plasman la sensibilidad que hizo famoso al pintor en su época y que hizo que no le faltaran encargos.

Para empezar el cariñoso abrazo y las miradas entre los dos niños. Mientras que la Virgen está acariciando amorosamente los dedos de los pies de su hijo, en un gesto de cariño y también de cuidado maternal.

Toda la escena está rodeada de una luz un tanto fría, pero que al artista le sirve para modelar a la perfección los cuerpos y los rostros de los personajes. Y en cuanto al colorido destacan las telas suavemente iluminadas, que con sus colores le sirven para crear contrastes y sobre todo destacar los tonos de las carnes.

Todo en el cuadro está delicadamente dibujado, y en los rostros no solo busca belleza, sino que pretende transmitir arquetipos ideales que son resultado de la suma de perfecciones, especialmente visible en el cara y la expresión de María.

Por el contrario, como crítica se le puede acusar de que le falta espontaneidad, pero es una imagen que es capaz de mostrarnos la típica religiosidad castellana y española de aquellos tiempos, y que por lo tanto gustó mucho en su época. De hecho, el tema de la Virgen con el Niño lo pintó en diversas ocasiones, así como las escenas del Ecce Homo. Y como ejemplo, sirve citar que en la Colegiata de Roncesvalles (Navarra) se encuentra otra obra de Morales prácticamente idéntica a esta de Salamanca, salvo que en ella se ha incluido la figura de San José.

Categorías: Pintura, Renacimiento