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Whistlejacket de Stubbs

Publicado por A. Cerra

Esta es una de las obras más afamadas del pintor romántico inglés Georges Stubbs (1724 – 1806), de hecho este gran lienzo de 292 x 246 cm ocupa un espacio más destacado en la sala de la National Gallery de Londres donde se expone, y es que se trata de una de las telas más populares y queridas de la pinacoteca londinense.

Whistlejacket de Stubbs

Whistlejacket de Stubbs

La obra la realizó en 1762, y se considera como su obra cumbre dentro de su larga producción de cuadros dedicados a caballos y otros animales. De hecho, recibía encargos para retratar estos animales u otros como perros, e igualmente se le encargaban telas de aires más fantásticos en las que planteara luchas ficticias, como por ejemplo un caballo salvaje atacado por un león, algo muy propio de la época del Romanticismo.

El caso es que durante 1762 pasó varios meses en una casa solariega al sur de Yorkshire propiedad del marqués de Rockingham, quién le encargó este cuadro de Whistlejacket, ya que este ejemplar era el semental árabe de su yeguada, y se le conocía como un caballo tan grande como la vida.

Rockingham era un apasionado de los caballos, y también un buen entendido en arte, y entre el aristócrata y el pintor decidieron hacer una obra de temática típicamente británica, como son los caballos, pero darle un porte de monumentalidad como no se había visto hasta entonces. Por eso es uno de los primeros casos en los que vemos el retrato de una animal sin ambientación alguna, sobre un fondo neutro, ya que lo normal era pintarlos en grupos o individualmente pero rodeados de su hábitat, la campiña inglesa y las granjas donde se criaban. Gracias a ese fondo neutro, tiene ese porte monumental, y la pintura adquiere algunos de los valores de la escultura.

La obra además tiene varias leyendas a su alrededor. Según una de ellas, era inconcebible que se pintara un cuadro así sencillamente para un caballo, por eso se ha pensado que iba a ser un retrato ecuestre del rey Jorge III que el marqués le quería regalar al monarca, pero que finalmente por desavenencias políticas decidió que fuera solo el caballo. Una leyenda que está publicada, pero que es poco probable.

Y otra leyenda, mucho más poética, cuenta que un día destapó Stubbs su gran lienzo en las cuadras, y pasó por ahí el verdadero Whistlejacket. El semental primero se sorprendió al ver su imagen, más tarde miró fijamente la obra para irse excitando poco a poco, y luego decidió combatir a ese posible rival. De hecho, hubo que atarlo para impedir que destruyera la obra. Algo que a Stubbs le colmó plenamente, ya que esa reacción significaba que había alcanzado la cumbre del realismo en su pintura.

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