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Juramento de la Cortes de Cádiz en 1810 de Casado de Alisal

Publicado por A. Cerra

Este enorme lienzo realizado por el pintor español José Casado de Alisal en el año 1862, en la actualidad se conserva en el Congreso de los Diputados de España situado en Madrid.

Aunque este pintor prototípico del estilo del Romanticismo en España realizó obras de indudable valía artística como su famosa La Campana de Huesca o retratos de los personajes más relevantes de la época como el rey Alfonso XII o el del militar Baldomero Espartero, ubicado en el mismo Congreso de los Diputados. Lo cierto es que esta obra tiene un importante valor como documento histórico, ya que nos presenta de un modo artístico el importante episodio histórico y político que supusieron a inicios del siglo XIX la celebración de las Cortes de Cádiz.

El juramento de las Cortes de Cádiz en 1810

Pero además esta obra también se puede considerar desde un punto de vista diferente, como motivo de inspiración literaria.

La obra se expuso en 1862 durante la Exposición Nacional de Bellas Artes. En aquel importante evento cultural el cuadro lució junto otras obras románticas del momento:

Todas estas obras fueron objeto de siete críticas por parte de Gustavo Adolfo Bécquer, quién hacía este tipo de trabajos para el periódico El Contemporáneo.

No es extraño que un escritor de la talla del poeta Bécquer realizara este tipo de trabajos, ya que él mismo poseía formación pictórica, además de que mantenía un contacto permanente con su hermano Valeriano, pintor, ilustrador y grabador de la época, y también con un tío suyo pintor que educó a ambos hermanos. A eso hay que sumar el trabajo como periodista que realizó durante toda su vida, y que fue su principal sustento económico.

En esas críticas nos aporta notas de tipo histórico y también artístico. Para después hacer la crítica propiamente de la obra de arte en cuestión, atendiendo en riguroso orden a cinco puntos: la composición, el dibujo, el claroscuro, el color y la manera o estilo propio de cada uno de los pintores. Y finalmente da sus ideas sobre la personalidad y valía de cada artista. Es decir, se trata de un tipo de crítica que sigue el esquema tradicional que se aplicaba al examen de obras de arte en aquellos años, un esquema que se mantuvo hasta bien entrada la corriente impresionista, que supuso no sólo un cambio radical para la pintura, sino también para la crítica de arte.

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