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La Sagrada Familia de Gaudí

Publicado por Chus

El templo de la Sagrada Familia de Barcelona fue una de las obras más personales del arquitecto catalán, en la que trabajó desde el año 1891 hasta su muerte en 1926, dejándola inacabada. Constituyó tal obsesión para el artista que llegó incluso a vivir en el edificio, dentro de una pequeña estancia.

La obra de Gaudí supone una interpretación muy personal de diversos estilos, sobre todo del gótico, fundada en una concepción funcional de las masas arquitectónicas y en una hábil utilización de los materiales decorativos, como la cerámica o el hierro forjado, que alcanzaron una gran difusión en el arte catalán de finales del siglo XIX. Sus edificios se distinguen por su estructura lógica y su expresividad. Supo ver la capacidad plástica de la arquitectura, y así sus obras tienen, gracias al color y al movimiento de formas, una animación que no tiene parangón. No hay que olvidar, no obstante que Gaudí era un hombre profundamente religioso que pretendió, a través de su obra un canto de alabanza al Creador.

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La obra se la encarga un librero barcelonés, José María Bocabella, quien compró el terreno y propició su construcción para dedicárselo a San José y simbolizar el crecimiento de la ciudad de Barcelona. Dentro de la producción de Gaudí representó una síntesis de toda su obra.

Para el arquitecto el templo es una especie de poema místico estrechamente ligado a la liturgia. Al final de su vida, completó la cripta y dejó construido el Portal de Navidad, además de las cuatro altísimas torres-campanario de la fachada. Es un edificio concebido como un todo orgánico, que parte de una base neogótica, y a través de las portadas Art Nouveau, termina en pináculos de estilo casi cubista. Al igual que las catedrales góticas, revela con el cambio de sus formas, la sucesión de generaciones y estilos. Visto en conjunto el edificio tiene un ciclo temporal que se presenta como algo que se deshace o se deforma. En cambio, el espacio se fija con las masas de sus torres que se elevan hacia el cielo, con sus incursiones tan marcadamente pláticas y coloristas. Lo curioso del caso es que la obra supone un reto técnico que plantea innovaciones destacadas (arcos rampantes, columnas con inclinaciones dinámicas, etc.), pero estos aspectos quedan enmascarados por el elemento decorativo, ya que Gaudí es adverso al racionalismo de la civilización industrial de muchos arquitectos de su generación. Para él, el arte es antirracionalismo o irracionalismo puro y su técnica es la técnica de lo irracional.

En la Sagrada Familia los motivos ornamentales lo son todo en el planteamiento de este edificio religioso, ya que incluso el mismo planteamiento es ornamental y por ello, revelador de una concepción religiosa dominante en la época, que es la pura apariencia como elemento definidor, la grandilocuencia como profundidad y el pseudorromanticismo como sentimiento. Dentro de la ornamentación, no se desdeña ningún detalle, con lo que van a florecer las llamadas artes menores que, durante esos años serán practicadas incluso por los grandes arquitectos. El propio Gaudí muestra su preocupación e interés por este tipo de artes, recubriendo la fachada exterior con cerámicas y vidrios. El irrealismo y la fantasía se juntan gracias a las formas naturales de la decoración que expresan el universo gaudiano a través animales, plantas, con árboles de cerámica verde poblados de palomas de blanca porcelana, nubes de piedra o cristal traslúcido, carámbanos de hielo, estrellas, etc.

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