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Abadía de Fontenay

Publicado por A. Cerra

La arquitectura cisterciense es un estilo exclusivo de una serie de monasterios europeos que surgieron en la primera mitad del siglo XII. Y uno de los mejores ejemplos es esta Abadía de Fontenay en Francia, levantada entre el 1139 y el 1147, siguiendo las indicaciones y la supervisión directa del monje Bernardo de Claraval (1090 – 1150) auténtico teórico de la arquitectura del Císter. Y lo cierto es que aquí se siguieron sus ideas más rigurosas, y la abadía, y especialmente su iglesia de una nave ciega se convirtió en todo un modelo a seguir en otros cenobios cistercienses del sur de Europa.

Abadía de Fontenay

Bernardo de Claraval propone un tipo de construcción extraordinariamente sobria y sencilla. No se concibe que haya ningún elemento decorativo, ni tampoco simbólico. De alguna forma, es un estilo que quiere oponerse a la suntuosidad que representa el orden de Cluny. En esa línea también prohíbe la construcción de torres, y por supuesto que en los interiores no aparezcan decoraciones en forma de pinturas, esculturas, mobiliario o vidrieras.

Por otro lado, los monasterios cistercienses tienen tres espacios bien diferenciados. Por una parte están las estancias relativas al trabajo y por otra los dormitorios, celdas y dormitorios que son las estancias residenciales. Y por último, bien aislados de esos mundos profanos están las iglesias y los claustros, lugares donde únicamente cabe la meditación y la oración.

Estas ideas se expandieron por gran parte del sur de Europa hasta entrado el siglo XIII. Y si bien al principio se siguieron escrupulosamente estos planteamientos tan austeros, la verdad es que con el tiempo se fueron incorporando elementos de la tradición local, e incluso otros propios de los últimos años del arte Románico y de los primeros del Gótico.

Pero volviendo a la iglesia abacial de Fontenay, allí nos espera una nave que es la imagen misma de la sobriedad. Una nave enorme y profunda que se cubre con una bóveda de cañón, si bien es un tanto apuntada. Un espacio en el que no abunda la luz, ya que todo se baña con los pequeños vanos laterales y con otros más mayores en la cabecera del templo. Pero eso es lo único que hay, la piedra de la construcción y la luz, no hay ningún otro elemento dentro del templo.

Eso permite contemplar a la perfección la estructura arquitectónica de la iglesia. Todo se basa en las líneas rectas y los cortes a escuadra. Módulos de lo más sencillos, principalmente basados en el cuadrado. Eso le da sobriedad, pero también sencillez, regularidad, armonía y racionalidad a la construcción.

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