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Basílica de San Vicente, Ávila

Publicado por Laura Prieto Fernández

A lo largo de la historia hemos podido comprobar como las restauraciones llevadas a cabo en algunas obras de arte, especialmente en el campo de la arquitectura, han sido más bien funestas para la obra en sí que beneficiosas, ya que era común que se alterase la estructura primitiva del edificio en función del gusto del restaurador. Un buen ejemplo de ello es el conocido templo de San Martín de Frómista en el que su aspecto actual tiene más que ver con una subjetiva interpretación que con lo que realmente era la iglesia en sí y, ese a todo, se sigue estudiando como uno de los principales ejemplos del románico español. La obra que aquí analizamos es uno de los mejores ejemplos en los que la restauración ha sido completamente respetuosa con el edificio y el estilo románico, La basílica de San Vicente en Ávila.

La historia se remonta hasta el año 306 cuando tres hermanos, Vicente, Sabina y Cristeta fueron martirizados por Diocleciano por negarse a admitir que habían adorado a dioses romanos. Sus cuerpos fueron sepultados debajo de una gran roca y según la leyenda, el propio autor de su matanza se arrepintió y levantó el primer templo para honrar a estos santos. Sus restos no descansaron definitivamente en Ávila hasta años después puesto que con la invasión de los musulmanes la zona no se consideraba segura.

La actual iglesia data de 1130 aunque su construcción se prolongó unos años más en el tiempo y no se terminaron hasta el siglo XIV. Parece ser, que el autor de este conjunto fue el maestro Giral Fruchel, quien también trabajó en la Catedral de Zamora y en la Iglesia de la Magdalena de la misma ciudad y se le considera, además, como el introductor del estilo gótico en España. El edificio está construido en piedra arenisca extraída de la zona que recibe el nombre de caleña y que tiene una particular coloración amarilla y rojiza. Se trata de un edificio de planta de cruz latina con tres naves rematadas ábsides semicirculares y crucero marcado en planta y en altura. En los pies cuenta con dos torres inacabadas y bajo la capilla del altar mayor una cripta.

En cuanto a la decoración escultórica la más destacada es la portada occidental, tanto es así, que en muchas ocasiones se la ha comparado con el mismísimo Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago de Compostela. Se trata de cinco arquivoltas rematadas por un alero de figuras humanas en extrañas posturas. En el tímpano se sitúan escenas de la resurrección de San Lázaro y en el parteluz una imagen de Jesucristo.

Además de la portada occidental, la basílica de San Vicente cuenta con otras dos portadas, la del norte y la del sur, que también son dignas de mención. La portada norte, también conocida como la Puerta de los Santos Hermanos, es la más antigua de las tres y en ella se pueden apreciar escenas del martirio de San Vicente y sus hermanas. La portada sur, por su parte, es la más reciente y destaca por su rica ornamentación vegetal y animal.

En el interior de la basílica, el retablo mayor es una de las joyas más preciadas. Realizado en el siglo XVI por el maestro Pedro Berruguete, es una magnífica obra de arte que representa diferentes escenas de la vida de los santos Vicente, Sabina y Cristeta. Además, en la nave central se encuentra el sepulcro de los santos, una obra maestra de la escultura románica que narra en relieve el martirio y la muerte de los tres hermanos.

La basílica de San Vicente no es solo un edificio de gran valor arquitectónico e histórico, sino que también es un importante lugar de peregrinación. Cada año, miles de fieles visitan este templo para rendir homenaje a los santos Vicente, Sabina y Cristeta, cuyos restos descansan en el sepulcro de la nave central. Sin duda, la basílica de San Vicente es uno de los tesoros más valiosos de la ciudad de Ávila y un imprescindible en cualquier visita a esta ciudad castellana.