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Castillo Howard

Publicado por A. Cerra

En la construcción de este palacio inglés en Yorkshire se invirtieron muchos años, los que van de 1699 a 1726. Durante todos esos años el arquitecto John Vanbrugh (1664 – 1726) disfrutó del favor y del entusiasmo y del incesante aporte económico de su cliente, Lord Carlisle, para crear un atrevido edificio que es una de las máximas adaptaciones del clasicismo italiano y del barroco al paisaje inglés. De hecho, la arquitectura italiana no había tenido prácticamente influencia en las tierras de Gran Bretaña hasta la importante aportación, primero de Iñigo Jones y después del gran arquitecto Christopher Wren, el creador entre muchas otras obras de la Catedral de San Pablo en Londres.

Castle Howard

Castle Howard

Lo cierto es que Vanbrugh contaba en su equipo con la colaboración de Nicholas Hawksmoor, uno de los ayudantes de Wren. Con ese bagaje y aportación fue como este arquitecto fue capaz de crear proyectos como Castle Howard, una obra grandiosa y formalista, pero que a la vez posee dinamismo, lo que le sirve para acentuar su monumentalidad y su volumetría. En definitiva, una de las mejores expresiones de la arquitectura barroca inglesa.

Para llegar hasta este edificio, hay que hacer un recorrido de lo más teatral. Ya que es necesario atravesar una secuencia de hitos en forma de puertas almenadas, una pirámide y un obelisco. Todo ello dispuesto a lo largo de un extenso jardín. Tan extenso que el recorrido alcanza los siete kilómetros. Un trayecto que lleva hasta la fachada, pero se hace necesario rodear lateralmente el edificio para acceder hasta el patio de entrada.

Visualmente el elemento arquitectónico que más destaca es la cúpula central. Si bien hay que decir que esta cúpula no estaba incluida en el proyecto inicial y fue un añadido posterior. Lo cierto es que el palacio no estaba concluido íntegramente a la muerte de su arquitecto en 1726. Y todavía faltaba para entonces el ala oeste, que se hizo décadas después de la muerte de Vanbrugh. De hecho, formalmente se aprecian muchas diferencias con la arquitectura primitiva, sobre todo en cuanto a coherencia de volúmenes.

En cambio el ala este es completamente obra de Vanbrugh, ya que por aquí se comenzó el proyecto, para llegar hasta el cuerpo central, al que se une por un corredor, que en realidad es una galería de arte y una especie de zona de gimnasio.

A lo largo de toda la construcción se pueden ver infinidad de elementos propios del arte Barroco. Sobre todo por el dinamismo que confieren las formas entrantes y salientes de las fachadas. A lo que hay que sumar la abundante decoración escultórica, en la que se ven blasones, insignias militares, angelotes o estatuas, por cierto realizadas por el escultor francés Nadauld.

Y en cuanto al interior, el espacio más espectacular es el Salón Central, cubierto por la gran cúpula, y profusamente decorado. Si bien hay que decir que la cúpula original fue pasto de las llamas durante un incendio acaecido en 1940. Aunque fue reconstruida siguiendo su aspecto original.

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