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Catedral de Milán

Publicado por Laura Prieto Fernández

La catedral de Milán es uno de los edificios más destacados de toda Italia, es una de las catedrales cristianas más grande de toda Europa y en su construcción se han integrado exquisitamente elementos de estética gótica y renacentista. La catedral, también conocida como Il Duomo, se sitúa en el centro de Milán desde donde, radialmente, parten las calles la ciudad.

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Ya en el siglo V d.C. la ciudad contaba con una basílica dedicada a San Antonio a la que en el siglo VIII se le adosó un nuevo edificio con el fin de ampliar su capacidad. En torno al año 1075 ambos edificios fueron destruidos en un gran incendio y entonces se planteó la construcción de una gran catedral. Las obras comenzaron en 1386 de la mano del obispo Antonio da Saluzzo y el duque Gian Galeazzo Visconti. Tres años después se nombró al francés Nicolas de Bonaventure arquitecto mayor de la catedral y éste planteó un primer proyecto que dotaba a la construcción de un elegante estilo gótico inspirado en las formas traídas de Francia. Bonaventure fue sustituido por Jean Mignot pero con los años se plantearon distintos problemas constructivos que obligaron a cambiar continuamente de arquitecto. De hecho la construcción se dilató tanto en el tiempo que hasta el siglo XIX la catedral no estuvo completamente terminada.

Se trata de un templo con planta de cruz latina cuyo transepto se marca tanto en planta como en altura. El cuerpo de la iglesia cuenta con cinco naves de las cuales la central es más ancha y alta que las laterales. Las naves laterales se prolongan hasta el transepto y rodean el altar mayor formando una girola o deambulatorio típico de las iglesias de peregrinación. El amplio espacio del transepto se ha aprovechado para colocar el coro realizado en época renacentista.

En el interior destacan las bellísimas bóvedas de crucería que se sustentan con más de cuarenta pilares tallados en diferentes estilos. Los grandísimos vitrales que se han abierto en el paramento otorgan a la edificación de una singular luminosidad; este sentido cabe destacar como los vitrales de la zona de la cabecera son los más grandes jamás utilizados en una construcción cristiana.

El templo cuenta con grandes fachadas de estilo goticista, la principal fue proyectada por el arquitecto Pellegrino Pellegrini pero a lo largo de la historia el proyecto inicial sufrió numerosas modificaciones y las fachadas no se concluyeron hasta el siglo XIX, en torno a 1814. El templo presenta cinco puertas diferentes se acceso de las cuales, la principal se ha dedicado a Santa María.

El imponente aspecto exterior de la catedral de Milán está configurado por las más de noventa gárgolas y ciento treinta agujas que se levantan vertiginosas hacia lo alto, arquitectónicamente las gárgolas servían como vertederos de agua. La más alta de las agujas – situada a más de cien metros de altitud- se corona con una espléndida imagen de la Virgen María que corona el edificio.

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