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San Ambrosio prohíbe a Teodosio entrar en la catedral de Milán de Anton van Dyck

Publicado por A. Cerra

San Ambrosio prohíbe a Teodosio la entrada en la catedral de Milán de Anton van Dyck

La carrera de Anton van Dyck (1599 – 1641) fue demasiado corta, pero aún así creó una escuela pictórica inconfundible en su país de adopción, Inglaterra, donde sobre todo despuntó como retratista de grandes personajes británicos. Abarcando desde retratos al rey Carlos I a los más relevantes personajes de la aristocracia británica como hizo en el retrato doble de Lord John y Lord Benard Stuart.

No obstante, su trabajo fue más allá del de retratista. También hizo pinturas de temática mitológica y religiosa, como es el caso del lienzo que os mostramos aquí. Una tela que en la actualidad está en la National Gallery de Londres, aunque sus orígenes haya que buscarlos en Italia, tal y como nos indica el explicativo titulo del óleo: San Ambrosio prohíbe al emperador Teodosio entrar en la catedral de Milán.

Sin embargo el matiz italiano de la pintura de van Dyck lo adquiere vía Rubens. Ambos eran de la ciudad de Amberes, en la actual Bélgica. Ahí, el joven Anton dio sus primeros pasos como artista siendo aprendiz de un pintor local italianizante. Pero Rubens, que contaba con un amplio taller y muchos colaboradores, pronto se dio cuenta de la maestría innata de aquel joven, y se lo llevó a su equipo.

Obviamente van Dyck se empapó del arte de Rubens, pero su talento le impedía ser un simple discípulo. Era un artista con su propia personalidad, y eso se nota incluso en obras tan tempranas como esta. Anton van Dyck tiene un modo de pintar las figuras con menos monumentalidad y pesadez, a cambio todo es más emocionante y tiene un relato sutil y psicológico del que a veces carece el arte de Rubens.

La escena nos cuenta un episodio del siglo IV, cuando el temido y poderoso arzobispo de la catedral de Milán impidió que el propio emperador Teodosio entrara a su iglesia ya que él era el responsable de una cruenta masacre sucedida en Tesalónica.

De esta manera, el pintor nos muestra un choque de caracteres. El de un emperador orgulloso, que se abalanza hacia el interior y que se nos muestra de perfil, igual que tantos y tantos gobernantes aparecen en las monedas. Mientras que el paso se lo impide un venerable anciano, de edad avanzada pero todavía con mucha firmeza, tanto en sus gestos como en su brazo que frena a un hombre aparentemente más fuerte y joven. Y es que la fuerza del obispo se basa en ese largo báculo, que le da el poder de la fe, mientras que la fuerza y esplendor de la iglesia se plasma en la tiara dorada que lleva en la cabeza y el elegante manto que cubre su cuerpo.