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Dejad que los niños se acerquen a mí de Anton van Dyck

Publicado por A. Cerra

Este cuadro lo pintó el artista flamenco Van Dyck en el año 1618, cuando el pintor tenía apenas 19 años. De hecho, Anton van Dyck es un gran ejemplo de precocidad, ya que se estima que entre sus catorce y los veintidós años llegó a pintar unas 160 obras.

Nacido en Amberes en 1599, pronto demostró su maestría con los pinceles. Y es que contaba con antecedentes artísticos en su familia, ya que pese a que su padre fue un destacado comerciante de sedas, su abuelo sí que había sido pintor. Con tan solo 10 años pasó a formar parte del taller del pintor Hendrick van Balen, por aquel entonces un exitoso pintor de Amberes.

Dejad que los niños se acerquen a mi. Obra de Van Dyck

Dejad que los niños se acerquen a mi. Obra de Van Dyck

Años después se incorporaría al taller del mayor pintor de su época, Peter Paulus Rubens, y en 1620 ya era su principal ayudante, y aunque colaboró con Rubens en la ejecución de importantes obras, también abrió su propio taller en Amberes, y tras un viaje que hizo a Italia, concretamente a las ciudades de Génova y Roma, aumentó enormemente su fama hasta convertirse en uno de los pintores predilectos de la aristocracia europea, un prestigio que perduró hasta su muerte en 1641 en Londres.

La relación que mantuvo con Rubens fue muy estrecha, de hecho esta misma obra, cuando fue inventariada en el siglo XVIII aparecía con el título de “Representación de la familia de Peter Paulus Rubens”. Aunque posteriormente se desestimó que esa fuera la temática del cuadro, entre otras cosas, porque en la obra aparecería Rubens con cuatro hijos, cuando en realidad solo tuvo tres. Así que se cree, que alguna familia adinerada encargaría a Van Dyck esta obra, para que con motivo de la comunión del hijo mayor, toda la familia fuera inmortalizada en una escena de origen bíblico.

La pintura de Van Dyck sobre todo destila elegancia, de ahí la innumerable cantidad de retratos de aristócratas y burgueses que realizó. En este cuadro, esa elegancia se manifiesta en multitud de detalles, como por ejemplo la devoción que plasma en los niños mayores, mientras que el tercer hermano está un tanto distraído y parece mirarnos a nosotros, los espectadores.

Ya se ha dicho, que este artista barroco fue elegante retratista. Para comprobarlo basta con comparar que en el caso de los rostros de Jesús y los Apóstoles que lo acompañan, sus caras son muy generalistas, pero en cambio en los rostros de los integrantes de la familia hay muchísimo más detalle y precisión. Incluso se sabe que el pintor realizó previamente estudios de esos personajes para después traspasarlos al lienzo.

Otro rasgo identificativo de las pinturas de Van Dyck es su habilidad para pintar las manos. Y aquí podemos ver todo un muestrario de manos, ya que en total aparecen catorce, y de diferentes edades.

Es una obra muy interesante al tratarse de un cuadro en el que se combinan dos mundos diferentes. A la izquierda el universo bíblico, mientras que a la derecha aparece la familia contemporánea al pintor. Estos dos mundos se enfrentan incluso por los colores, ya que los Apóstoles y Cristo ocupan la zona más oscura, en contraposición a la luminosidad y brillantez de los retratados. Ambos mundos quedan unidos en el gesto de Jesús que bendice a uno de los niños poniéndole la mano sobre su cabeza.

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