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Catedral de Monreale

Publicado por A. Cerra

Este gran templo medieval se ubica en la isla italiana de Sicilia, muy próximo a la ciudad de Palermo. Por esta ubicación geográfica reúne en sí mismo parte de la historia de la isla y por lo tanto su estilo artístico es sumamente peculiar.

Hay que tener en cuenta que Sicilia fue ocupada por los bizantinos en el siglo VII, a los que sucedieron posteriormente los musulmanes durante los siglos IX y X. Para finalmente ser conquistada por los normandos provenientes del norte de Europa entre los siglos XI y XIII. Por ello, el peculiar estilo románico siciliano se denomina sículo-normando o árabe-normando, y se caracteriza por la fusión de formas de diferentes orígenes, mezclando al mismo tiempo elementos bizantinos, árabes y del norte de Europa. De todo esto, uno de los mejores ejemplos es la Catedral de Monreale, construida durante el reinado de Guillermo II (1172 – 1189), uno de los momentos de mayor esplendor del periodo normando en tierras sicilianas.

Catedral de Monreale

Catedral de Monreale

La construcción plasma los dos códigos constructivos principales: el cristiano-bizantino y el árabe-islámico. Por ejemplo, la herencia bizantina se manifiesta en las losas de mármol de las paredes o en los revestimientos de mosaico con fondo dorado, entre los cuales destacan los mosaicos que ocupan el ábside de la catedral. Mientras que ese mismo ábside en el exterior aparece decorado con arcos entrelazados y formas estrelladas procedentes de la tradición arquitectónica árabe.

Y también ese tipo de fusiones se pueden apreciar claramente en la fachada. Allí, la entrada al recinto sacro está flanqueada por dos grandes torres propias de las construcciones defensivas normandas. Y en cambio, en el centro de la fachada y sobre el pórtico con arcos de medio punto, se pueden ver otros arcos más ornamentales, entrelazados y de forma apuntada, que responde a la influencia islámica.

La Catedral de Monreale también fue una abadía, y de aquel complejo conventual ha llegado intacto hasta nuestros días un magnífico claustro. Las cuatro galerías del claustro se abren con arcos apuntados árabes, que están sustentados en columnas geminadas, algunas de las cuales tienen taraceas de mosaico o decoración con motivos geométricos, algo muy propio de la arquitectura árabe. Y al mismo tiempo, las columnas están rematadas por capiteles, también dobles, donde se observan gran cantidad de detalles en relieve esculpido. Unas formas que lo mismo muestran clásicas hojas de acanto que figuras humanas, especialmente con escenas de guerreros, todo ello para configurar un enigmático conjunto de símbolos y alegorías.

Estas cuatro galerías del claustro encierran un jardín de plantas típicamente mediterráneas, entre las cuales circulan diferentes canales de agua, y alguna que otra original fuente, como la que tiene forma de palmera. En definitiva, una apariencia que hace recordar a los patios de origen islámico, donde el agua se convierte en un elemento más de la arquitectura. Y sin embargo, todo integrado en una construcción de carácter religioso cristiano.

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