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El castillo de Peracense

Publicado por A. Cerra

Castillo de Peracense

La construcción de este impresionante castillo en el siglo XIII, tiene mucho que ver con el contexto histórico en el que surgió. Y es que esta fortaleza era muy importante para el control de la frontera entre los reinos de Aragón y de Castilla. Sin embargo, fue perdiendo valor conforme los conflictos entre ambos territorios fueron decreciendo y en vez de enfrentarse entre sí, colaboraban en la lucha contra los musulmanes del sur de la Península Ibérica.

Por esa falta de enfrentamientos y porque también siguió ocupado durante siglos ha llegado en muy buen estado de conservación hasta nuestros días, además de que se le ha efectuado una profunda consolidación que además ha incluido trabajos arqueológicos que recuperan estancias medievales muy interesantes.

Su emplazamiento sobre un roquedo es espectacular. Y a partir de ahí se construyó una fortaleza que en realidad cuenta con tres recintos concéntricos que en total protegen un espacio de unos 4.000 metros cuadrados. De manera que entre su ubicación y las sucesivas murallas se convirtió en un bastión prácticamente inexpugnable. Para lo cual contaba con otro factor determinante y sorpresivo para los enemigos. Nos referimos a su capacidad de camuflaje con el entorno, ya que está construido con la característica piedra roja de rodeno que abunda en esta zona, incluso el propio espolón rocoso sobre el que se eleva es del mismo color.

La fortaleza tiene una gran muralla exterior perfectamente almenada, en la que también hay torres y se descubren numerosas saeteras para el lanzamiento de flechas. Esa muralla cierra el recinto exterior, donde se encontraban también las caballerizas y una explanada. Tras la explanada se disponía otra muralla intermedia, más irregular que la anterior. En este segundo recinto se ubicaría el acuartelamiento para las tropas defensivas.

Mientras que la parte más interna, el corazón del castillo, también es el más elevado ya que se ubica en el punto más alto del peñón rocoso. Que a su vez tiene tres terrazas naturales sucesivas, y que proporcionaba unas vistas fantásticas del territorio a proteger. En esta parte se encontraría la vivienda del alcaide y sería el último reducto a conquistar. Algo que no es fácil, ya que los recios muros que cierran el recinto solo se abren por pequeñas puertas con arco y los caminos para llegar a las torres superiores son estrechas escaleras talladas en la roca. De forma que nunca podrían ser atacados de una forma masiva. Además ese nivel de altísima protección, también hacía que el arsenal del castillo se encontrara en esta zona. Al igual que está la mayor cisterna excavada para la acumulación de agua, por sí había que resistir ahí largos asedios.