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Castillo de Neuschwanstein

Publicado por A. Cerra

Hubo un momento en Europa, en los años finales del siglo XIX, en los que la arquitectura no sabía muy bien que derroteros tomar y había diferentes vías de desarrollo. Una de ellas fue el eclecticismo que bebía de todo tipo de fuentes de inspiración. Hay ejemplos en todo el continente para todos los gustos. Está la inspiración en el hierro y los nuevos materiales de la Biblioteca Nacional de París. Está el tributo a lo oriental y las colonias indias en el Royal Pavilion de Brighton. O están las arquitectura delirantes de la ciudad portuguesa de Sintra.

Castillo de Neuschwanstein

Pues bien aquí os traemos otra muestra extraordinaria de la arquitectura ecléctica más historicista que se puede ver en Europa. Es el Castillo de Neuschwanstein en la región de Baviera, al sur de Alemania.

Una obra proyectada por el arquitecto Christian Jank y que se edificó a lo largo de varios años, entre el 1869 y el 1886. Una larga duración que se debe a la complejidad de la obra y también por su emplazamiento en lo más alto de una colina boscosa que se integra en el territorio de los Alpes bávaros.

En realidad ese bosque y todo su entorno podemos considerar que forma parte de la obra arquitectónica, ya que es como el escenario grandioso en el que se levanta este palacio de aspecto fortificado. Hay que tener en cuenta que en el diseño de este castillo se implicó directamente el rey Luis de Baviera, con todo lo que eso conlleva en cuanto a sus delirios de grandeza.

De hecho manda construir un conjunto que evoca las fortalezas inexpugnables de otro tiempo, pero que él jamás tendría que defender en batalla en su época. Es más un palacio de fantasía que un castillo (lo cierto es que el castillo de Neuschwanstein siempre se ha tenido como uno de los referentes que inspiró a Walt Disney en su famoso logotipo que se puede ver en sus películas o en sus parques de atracciones).

Para construir el exterior y también el interior de esta residencia al rey, a sus arquitectos y decoradores les valía cualquier referencia. El único requisito es que le gustase estéticamente, independientemente de crear unidad visual alguna o que fuera más o menos funcional. Por esa razón en este palacio de Neuschwanstein encontramos referencias al arte gótico, pero también al bizantino y otros recuerdos más exóticos. Sin olvidar que también la estética del romanticismo en la que se vuelve a referentes de la mitología germánica.

Todo un derroche de espectáculo constructivo. Una construcción propia de un cuento de hadas, que ciertamente sabe integrarse al mismo tiempo que se destaca en el entorno paisajístico donde surge.

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