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El Castillo de Rosenborg

Publicado por A. Cerra

Uno de los reyes de Dinamarca que más han marcado la estética más monumental de este país del norte de Europa fue Cristian IV. Y precisamente a él se debe la construcción de una de las grandes joyas del patrimonio danés: el castillo-palacio de Rosenborg que se encuentra en Copenhague.

Fue este rey quien encargó a los arquitectos Bertel Lange y Hans van Steenwinckel el proyecto en 1606. Ellos proyectaron una obra con el estilo más carismático de la zona en aquellos tiempos: el estilo renacentista holandés. Aunque las obras se prolongaron hasta el 1634, con diversos añadidos a la idea original, entre ellos su emblemática torre en la fachada este del edificio.

Castillo de Rosenborg

Pese a alargarse las obras, y a haber habido abundantes añadidos, lo cierto es que el Castillo de Rosenborg es un ejemplo extraordinario de esta corriente artística de la Europa septentrional. Y posee una imagen inconfundible con sus ladrillos rojos, sus torres con cúpulas verdes y la decoración en placas de gres de tono gris. Todo ello en un edificio de proporciones muy ajustadas y rodeado por unos jardines que fueron parte muy importante del conjunto desde el primer momento.

Tan importantes son esos jardines (hoy ubicados en el corazón de la gran ciudad de Copenhague) que el apelativo de esta construcción era y es El Jardín del Rey (Kongens Have). De hecho el lugar ya era una zona ajardinada para solaz de la monarquía antes de que existiera el palacio, desde el siglo XV, cuando se consideraba como una especie de villa de recreo para el verano. Sin embargo, sería Christian IV quien decidió convertirlo en su palacio real.

En cuanto al interior, pese al empeño que se puso en su construcción, la verdad es que no se usó como residencia durante demasiado tiempo, ya que en 1710 el rey Federico IV decidió cambiar de palacio. Así que su interior, con estancias como el vestíbulo central, la Sala de Audiencias, o los fantásticos Gran Salón o el Salón Rojo han llegado en extraordinarias condiciones a nuestros días. Y no solo eso, sino que se han convertido en un buen lugar para descubrir la historia de la monarquía de Dinamarca, ya que se ha transformado en un museo con objetos, joyas y armas de la familia real.

Allí se guarda mobiliario de época, tapices, estatuas, cuadros y también mucha documentación histórica. En definitiva que estamos ante una joya muy completa del patrimonio danés, y que ejemplifica el crecimiento y el desarrollo que tuvo Copenhague durante el reinado de Christian IV, quien transformó casi por completo el aspecto de la capital de su reino. Es decir, que es la versión del Renacimiento más culto y completo al norte del continente.

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