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El Puente Carlos en Praga

Publicado por A. Cerra

Dentro del conjunto monumental y artístico de la capital de la República Checa destaca una obra de ingeniería: el Puente Carlos, el cual es uno de los puentes más bellos y valorados del mundo. Y lo es tanto por su belleza de formas como por sus dimensiones.

Se trata de un puente que supera los 500 metros de longitud para unir las dos orillas del río Moldava que riega la capital checa. Unas dimensiones más que considerables para lo que se hace necesario que tenga el apoyo de 16 arcos. Y además posee una anchura de 10 metros, la cual en otros tiempos permitía el paso de 4 carruajes al mismo tiempo. Si bien, por fortuna en la actualidad es peatonal y prácticamente su uso es exclusivamente turístico.

Puente Carlos de Praga

No obstante, históricamente su importancia era enorme uniendo la Ciudad Vieja de Praga o Stare Mesto en una orilla y la Ciudad Pequeña o Mala Strana, ya que Praga fue creciendo por la otra orilla.

Antes de que el Puente Carlos de Praga existiera, hubo otro puente que fue arrasado por una riada del Moldava, y cuando se emprendió su reconstrucción se decidió hacer un puente lo más duradero posible. Para ellos no solo se le encargó el diseño al arquitecto y escultor más importante del imperio en esa época, Peter Parler, quien también realizó la cercana Catedral de San Vito, donde incluso se autorretrató.

Pero además de eso, el emperador Carlos IV se dejó aconsejar por los astrónomos de la corte para elegir el momento más propicio para realizar la obra. Por ello, se iniciaron los trabajos exactamente el día 9 de julio de 1357 a las 5 horas y 31 minutos. Y lo cierto es que será por elegir bien el momento o porque la obra está muy hecha, pero la realidad es que hoy en día el puente sigue en pie, habiendo resistido inundaciones, guerras y diferentes conflictos.

Respecto a la factura de la obra, hay que decir que está hecha en piedra arenisca de la región de Bohemia, pero siempre se ha especulado con que su secreto era que en el mortero se emplearon huevos como elemento de unión. Algo que nunca se ha podido comprobar, aunque sí que es cierto que análisis químicos que se han realizado indican la presencia de elementos orgánicos en ese mortero.

Todo esto en cuanto al puente medieval propiamente dicho, pero a ello habría que añadir las tres decenas de estatuas que se añadieron durante los siglos del Barroco. Y sobre todo hay que mencionar las torres que se levantan en los extremos del puente. En el lado de Mala Strana hay dos conformando una puerta. Mientras que en Stare Mesto solo hay una, pero más grande y espectacular, realmente un ejemplar único de la arquitectura civil del gótico.

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