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Monasterio de Leyre

Publicado por A. Cerra

Este monasterio románico tal vez sea el monumento más emblemático de toda la región española de Navarra, situada al norte del país.

Las partes más antiguas del edificio datan del siglo IX, y son zonas que se encuentran bajo otras partes de construcción posterior. En tiempos del rey Sancho el Mayor, o sea, durante las últimas décadas del siglo X, va a ser cuando el monasterio de Leyre alcance sus máximos momentos de esplendor, ya que tanto este monarca como su hijo y nieto hicieron ahí repetidas e importantes donaciones. De hecho, fue su hijo quién posiblemente impulsó la construcción de la gran iglesia de este conjunto monacal, un templo consagrado solemnemente en el año 1057, ya durante el reinado del nieto de Sancho el Mayor.

Cripta del Monasterio de Leyre

Cripta del Monasterio de Leyre

Dada esta estrecha vinculación entre la monarquía navarra y el monasterio, se trata de una obra de fundación real, lo que aumentaba su importancia. Tanto que durante mucho tiempo el obispo de Pamplona, la capital del Reino de Navarra, siempre se elegía entre los monjes del monasterio de Leyre.

Para su construcción se usó un enorme e irregular aparejo, lo que no fue impedimento para que la iglesia presente tres ábsides de gran altura, sin que en su levantamiento se usara ningún elemento de articulación.
Bajo esa iglesia, se halla la cripta inferior, la cual en principio se concibió con tres naves, pero por motivos de seguridad al final la nave central se subdividió en dos, algo que resulta bastante extraño y provoca cierta confusión al intentar leer el monumento.

Algo similar ocurre al ver el tipo de soportes empleados en esta cripta. Mientras que los pilares más altos se corresponden con los apoyos de la iglesia en la zona superior, también se ven otros pilares de sección cilíndrica y muy escasa altura, que soportan unos enormes y desproporcionados capiteles, en los que apoyan arcos de medio punto con un acusado peralte. Partiendo de cada uno de ellos surgen cuatro de estos arcos, lo que provoca que aumente considerablemente el volumen, y por lo tanto el peso de lo macizo de la construcción. Todo esto provoca una sensación de desequilibrio y también de escasa visibilidad, y sin embargo la principal cualidad que transmite es de una singular originalidad.

Este espacio angosto contrasta enormemente con la amplitud y la esbeltez de la zona superior de la iglesia, sustentada a partir de pilares cruciformes con columnas adosadas, que se prolongan hasta los capiteles, que también son de grandes proporciones, algo por otra parte habitual en este tipo de construcciones del Primer Románico. No obstante, la impresión general que proporciona la contemplación del templo lo acerca más al aspecto del Románico Pleno, que a otras construcciones contemporáneas españolas de la primera mitad del siglo XI. Si bien, también hay que decir que dada la dilatada historia de este monumento, no nos ha llegado con sus formas originales hasta nuestros días, y son muchas las reformas y reconstrucciones que a lo largo de los siglos se han llevado a cabo en ella.

Categorías: Arquitectura, Románica