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Ópera de Paris, Garnier

Publicado por Laura Prieto Fernández

La ópera de Paris o Palacio Garnier es un edificio construido en el siglo XIX por el arquitecto francés Charles Garnier. Su construcción se debió al encargo realizado por el emperador Napoleón III en el contexto de la renovación parisina llevada a cabo en el Segundo Imperio. Por aquel entonces el emperador encargó a un urbanista, el Barón Haussmann, la renovación de la ciudad. Éste planteó grandes avenidas divididas por jardines y con amplísimas aceras a las que se abrían los elegantes escaparates, es precisamente en la confluencia de varias de estas avenidas o boulevards donde Garnier edificó su monumental construcción.

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A modo de curiosidad la historia cuenta que cuando la mujer de Napoleón le preguntó al arquitecto si pensaba diseñar la ópera en estilo griego o romano, éste le contestó que la diseñaría en estilo Napoleón III. Más allá de esta simple anécdota podemos concluir que el edificio de la ópera fue construido según los parámetros estilísticos del estilo eclepticista es decir, fusionando varios estilos artísticos. No obstante sea quizás el estilo barroco – barroco francés e italiano- el que predomina en la construcción, por ello muchos estudiosos optan por catalogar la obra como Neobarroca.

Su construcción fue muy dilatada en el tiempo, hubo varios parones en su realización debido a contratiempos causados por contiendas como la Guerra Franco-prusiana o la Comuna de Paris, por ello el edificio no puedo ser inaugurado hasta 1875.
La riqueza constructiva empleada sus formas y decoración está relacionada con la clase social a la que el edificio estaba destino, no podemos olvidar que por aquel entonces la pudiente clase burguesa gustaba de acudir a este tipo de espectáculos no sólo como una forma de ocio, sino también para ver, y sobre todo, dejarse ver.

Al exterior Garnier plantea un edificio de dos plantas rematado con un enorme friso corrido y coronado por cúpula. La planta de abajo se organiza a través de arcadas de medio punto sustentadas por gruesos pilares mientras que en la planta noble el arquitecto plantea vanos rectangulares separados por pareas de columnas jónicas. La zona central del edificio esta retranqueada con respecto a los laterales más sobresalientes acentuando el juego de luces y sombras del que tanto gustaba el estilo barroco. La cubrición se soluciona con una enorme cúpula verdosa que resalta aún más gracias a las esculturas y doradas a juego con la cornisa. En cuanto a la decoración se siguen los mismos parámetros que se utilizó en el barroco: pompa y fastuosidad que se contraponen a la sobriedad del estilo Neoclasicista.

La opulencia también está presente en los espacios interiores: amplios pasillo por los que desfilaban los galantes burgueses, escaleras con grandes balaustradas, espejos etc. Especial atención se presta a la platea, lugar destinado al público que acudía a las representaciones, el lujo y el detalle han sido cuidados al máximo en este singular espacio.

En su inauguración, el 15 de Enero de 1875, se representó La Juive de Halévy, algunas partes de Los Hugonotes de Meyerbeer y el ballet Le Jardin Animé de Joseph Mazilier.

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