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Palacio de Beylerbeyi de Estambul

Publicado por A. Cerra

El Palacio de Beylerbeyi es una de las últimas grandes obras arquitectónicas que se llevó a cabo por orden de los sultanes del Imperio Otomano, ya que esta construcción se levantó entre los años 1861 y 1865 por mandato del sultán Abdülaziz. Y como nota diferenciadora respecto al gran patrimonio legado por ese imperio a la actual capital turca de Estambul, hay que decir que esta es una de las pocas obras de cierta enjundia que están emplazadas en la orilla asiática del Estrecho del Bósforo que divide la ciudad en dos continentes.

Palacio Beylerbeyi de Estambul

Antes de que se levantara este edificio, en este mismo lugar ya hubo una residencia imperial anterior. Ya que aquí se mandó levantar en el siglo XVI una construcción de madera que le sirviera de refugio veraniego. No obstante, ese material hizo que tarde o temprano fuera pasto de las llamas. Así que pasada la segunda mitad del siglo XIX el sultán mandó construir esta nueva edificación, ahora en piedra, aunque con el mismo objetivo: que sirviera de residencia veraniega para la realeza.

Su construcción fue posterior a otro palacio imperial decimonónico, el Palacio de Dolmabahce, que planteaba simbólicamente la regeneración y occidentalización del Imperio Otomano. Si bien en este caso se le encargó al arquitecto Sarkis Baylan, quién optó por un estilo neoclásico, en el que predomina el propósito de la suntuosidad y la elegancia, algo propio de la corriente neoclásica llamada Segundo Imperio y cuyo espíritu de ostentación sin duda alguna cuadra a la perfección con la tradición de los gobernantes otomanos.

No obstante, pese a esa tradición oriental, lo cierto es que el edificio puede parecer comedido en comparación con otros. Más aún en su fachada más espectacular, la que da la Bósforo. En ella predomina la idea de horizontalidad y los grandes ventanales enmarcados por elementos tan clásicos como los arcos de medio punto o las columnas y capiteles de orden compuesto. Si bien se pone la nota más oriental con dos edificios en los laterales, casi como anexos. Y en realidad son dos pequeños pabellones que eran viejos baños, uno para mujeres y otro para hombres.

Esa elegancia también lo convirtió en el lugar idóneo para alojar a los grandes dignatarios extranjeros que visitaban el país. Y por allí pasaron el rey inglés Eduardo VIII, el emperador austriaco Francisco José, el Shá de Persia o la emperatriz Eugenia de Montijo.

Todos ellos quedaron prendados por el encanto del lugar. Tanto por sus jardines repletos de fuentes, piscinas o estanques, como por sus 26 habitaciones y 6 salones donde todo está cuidado hasta el último detalle, y donde hay elementos de cualquier procedencia. Hay porcelanas orientales, cristales de Bohemia, alfombras turcas como no podía ser de otro modo, mobiliario francés o impresionantes lámparas colgantes, entre otros muchos objetos y ornamentos de gran valor.

Categorías: Arquitectura, Neoclásica