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Palacios de Augustusburg y Falkenlust

Publicado por A. Cerra

El conjunto de los Palacios de Augustusburg y Falkenlust en la localidad alemana de Brühl representan un fastuoso ejemplo de la arquitectura germánica del último barroco y del primer arte rococó. En especial en el caso del Palacio de Augustusburg, el mayor y más antiguo de los dos.

En este caso es una gran construcción en forma de U, con tres pisos y dos áticos, con una clara diferenciación entre el ámbito de invierno y el de verano, con orientaciones distintas y con una gran variedad de decoración. De hecho es en la decoración de las distintas salas y salones, o en la impresionante escalinata, donde mejor se capta el espíritu rococó de la obra.

Palacio de Augustusburg

Sus creadores fueron los arquitectos Johann Conrad Schlaun, que hizo los planos, y que luego desarrolló François de Cuvilliés. Entre ambos realizaron este encargo para el príncipe arzobispo de Colonia Felipe Augusto de Baviera. De hecho, los gobernantes de la maravillosa catedral gótica de Colonia eran desde hace siglos los propietarios de estas tierras, ubicadas a unos 20 kilómetros de la gran ciudad. Y tras la destrucción de una residencia anterior, el poderoso arzobispo encargó esta obra a comienzos del siglo XVIII.

Palacio de Falkenlust

Y posteriormente, le encargó a François de Cuvilliés el vecino Palacio de Falkenlust, a modo de pabellón de caza, inspirándose en el Palacio de Nymphenburg donde se había construido el pabellón Amelienburg. La obra se desarrolló entre 1729 y 1740, y entre ambas residencias palaciegas se despliega una larga avenida que sirve de eje al tercer gran elemento de este conjunto: sus jardines.

Todo un derroche de imaginación y también de inspiración de los ajardinamientos franceses de la época barroca y rococó. En realidad, eso mismo es aplicable tanto a los jardines como a la ornamentación interior de ambos edificios, ya que el arzobispo de Colonia no escatimó en gastos, y atrajo hasta aquí a toda una pléyade de artistas y artesanos, no solo procedentes de Alemania, sino también de otros muchos lugares de Europa.

El resultado es fastuoso. Por ello no extraña el uso que ha llegado a tener durante la segunda mitad del siglo XX, ya que el Palacio de Augustusburg, de propiedad estatal, se convirtió en el alojamiento perfecto para muchas de las personalidades que hospedaba el jefe de estado de Alemania. Y hoy es un lugar visitable por el público en general y está catalogado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

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