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Tumba de Lihyan

Publicado por A. Cerra

Tumba de Lihyan

Siempre que hablando de las ciudades nabateas y de esta cultura de la Antigüedad nos remitimos al maravilloso conjunto arqueológico de Petra, en Jordania. Sin embargo, aquellos beduinos dejaron sus huellas en otras zonas de la región. Por ejemplo en la zona de Hegra, perteneciente a la actual Arabia Saudita.

Allí se ha encontrado también un buen número de edificaciones excavadas en la roca, y al igual que en el caso de Petra, también aquí muchos de esos restos son construcciones funerarias como es el caso de esta Tumba de Lihyan, un icono de toda esa parte del país que también se conoce con el nombre de Castillo Solitario o Qasr Al Farid, si bien está más que comprobado que se trataría de un edificio fúnebre.

Se trata de una obra de hacia el siglo I después de Cristo, y al igual que ocurre en las tumbas estudiadas en Petra, también aquí se hizo excavando desde arriba hacia abajo. Es un ejemplo bastante completo tanto por sus formas como por sus inscripciones, sin embargo, nunca se llegó a terminar al 100%. Aún así siempre se ha dijo que se trata de la Tumba de Lihyan, hijo de Kuza.

Parece claro que los nabateos se asentaron en esta zona de Arabia. Un pasaje ideal entre dos cañones, por lo que era el lugar de tránsito idóneo para unir el Mediterráneo con el mar Rojo, con el Golfo Pérsico e incluso para que por ahí pasaran las caravanas que se adentraban hacia tierras asiáticas más lejanas. Por no hablar de encontrarse en el camino de Medina y de La Meca. Es decir, que siempre fue un lugar transitado y de espíritu comercial, algo que los nabateos supieron aprovechar a la perfección para enriquecerse y crear sus ciudades, donde ponían más empeño en la durabilidad y belleza de sus tumbas que en la construcción de sus viviendas, ya que eran un pueblo (al igual que los actuales beduinos) acostumbrados a vivir en tiendas fácilmente desmontables y preparadas para una vida nómada.

No obstante, tanto en la Tumba de Lihyan, como en otras que conforman el conjunto de Hegra, las mismas características de la arenisca que permiten que sea relativamente fácil trabajarla, también suponen que sean una superficie donde la erosión del viento hace estragos y poco a poco va acabando con las formas artísticas más delicadas de las más fachadas más elaboradas. Y es que no hay que olvidar que este tipo de tumbas se labraban y excavaban por parte de las clases más ricas y pudientes de esa sociedad que querían dejar para la eternidad unas obras ostentosas que recordaran su presencia en este mundo. Por eso eran trabajos muy cuidados que con el paso de los siglos se van perdiendo irremediablemente.