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Vidrieras de Chartres

Publicado por Chus


La catedral de Chartres en Francia, aparte de por sus flechas características, es conocida como la catedral de las vidrieras, admirables porque terminan por inmaterializar la atmósfera de la basílica, haciendo de ella según palabras de Edmond Joly “el navío encantado de una música muda, celebrando por los colores, en la luz, el secreto de la eterna travesía”.

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De la primera mitad del s. XII quedan los de Nuestra Señora de la Bella Vidriera, realizados en tonos de un azul tal que parecen haber aprisionado el cielo. Esta vidriera logró salir indemne del incendio que destruyó en 1194 la construcción del s. XI, de la que prácticamente solo quedó la cripta.

En torno al 1150 se construyen las tres grandes vidrieras de la fachada occidental, que también lograron escapar al incendio de 1194. Son el vitral del Árbol de Jessé, “el más bello vitral del mundo” según Emile Mâle, de la Infancia y la Vida de Cristo, de la Pasión y de la Resurrección, con figuras en las que unos trazos de grisalla son suficientes para traducir una gran profundidad de sentimientos.

Casi todas las otras vidrieras son del s. XIII, en torno al 1200-1235/40: grandes personajes en el piso superior, múltiples cuadros en el piso inferior que cuentan la historia de la Biblia o de la vida de los santos; la Rosa Real del Juicio; las claraboyas y las rosas de los otros dos portales con los evangelistas llevados en los hombros por los profetas en el transepto sur; los impresionantes personajes de la fachada norte y las enjutas caladas con las armas de Francia ; las cinco ventanales del ábside en alabanza a la Virgen María rodeada de los profetas que la anuncian. En el conjunto de la catedral aparecen hasta veintisiete Cristos en Majestad, bien entre el sol y la luna, bendiciendo, bien sentado sobre el arco iris, llevando un globo con el alfa y la omega inscritas, bien acompañado por el tetramorfos, etc.

Fueron ofrecidas por los reyes, por los señores, por sacerdotes o corporaciones cuyas firmas son blasones o escenas de la vida cotidiana de los oficios. Sin duda han sido fabricadas en el sitio, de conformidad con los donantes y colocadas a medida que la catedral se edificaba. A los ojos de las personas de la época, con fe simple y profunda, toda esta riqueza incomparable de luz presentaba la imagen y sostenía la esperanza de esta Jerusalén celeste de la que habla el libro de Tobías, “la de las puertas edificadas con zafiros y esmeraldas, paredes de piedras preciosas, donde se cantará: Aleluya, Bendito sea el Dios de Israel”.

Un buen ejemplo del como en estas vidrieras se dejaba constancia de retazos de historia, y también de la creciente importancia que el donante va a ir adquiriendo con el tiempo, por su deseo de inmortalizarse, lo suministra el siguiente ejemplo de donación: bajo la vidriera que muestra al profeta Isaías llevando sobre sus hombros al evangelista Mateo (que se encuentra situada a la izquierda de la lanceta central de la fachada sur ocupada por la Virgen y el Niño), se encuentra Alix de Thouars, quien con su marido, Pierre de Dreux, ofreció varias vidrieras de esta fachada y del transepto. En 1213, Pierre, conde de Dreux se casó con Alix de Thouars, que aportó como dote la Bretaña (era la heredera del regente de Bretaña). Aparecen representados en actitud orante, arrodillados y con las manos juntas. En sus ropas llevan los colores de sus armas: azul y oro (de Dreux) y el armiño de Bretaña.

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