Arte

Villa Katsura

Publicado por A. Cerra

Esta villa palaciega construida entre 1620 y 1658 está situada al suroeste de la ciudad japonesa de Kyoto, la tradicional ciudad imperial nipona. De hecho, esta villa fue la residencia para el descanso de parte de la familia del emperador.

Como es habitual en la arquitectura japonesa, se trata de una edificación cuyo principal material constructivo es la madera, y en la que se abren galerías exteriores en alto, que se convierten en excelentes balconadas para contemplar el entorno, por donde transita el curso del río Katsura que da nombre a la villa.

Villa Katsura en Kyoto

Villa Katsura en Kyoto

En ese entorno se distribuyen zonas ajardinadas y distintos pabellones unidos por senderos, en cuyo trazado se ha cuidado hasta el último detalle. La arquitectura en este entorno delicado y bello se integra a la perfección, siendo al mismo tiempo elegante y austero.

Esos jardines, como muchos otros de las villas japonesas, fueron totalmente abandonados durante el siguiente periodo histórico japonés, el periodo Meiji (1868 – 1912). Sin embargo fueron redescubiertos años después y fascinaron a célebres arquitectos contemporáneos como Frank Lloyd Wright, Walter Gropius o Le Corbusier, y de hecho influyeron en sus proyectos arquitectónicos en los que también usaban materiales naturales y en los que eran muy importantes conceptos como la sencillez o la elasticidad en la distribución de estancias.

El edificio principal de esta Villa Katsura está levantado en el llamado shoin, algo que viene a significar “lugar de estudio”. En su interior se distribuyen diferentes habitaciones, siempre cubiertas por los típicos tatamis que son esteras realizadas con paja de arroz. Una de las habitaciones destacadas es la takahoma, que es una alcoba para mostrar tanto arreglos florales como objetos artísticos. Y también es muy valioso un chigaidana, un pequeño armario para libros, distintos tipos de papeles y útiles para realizar la esmerada caligrafía japonesa, considerada todo un arte en Japón.

Se trata de una arquitectura de carácter abierto, por la que se facilita la circulación del aire. Algo que significa que tiene importantes inconvenientes durante los meses más fríos, de ahí que fuera principalmente una villa para estancias veraniegas.

Ante la casa y su principal galería exterior aparece un lago, al que se llega caminando por un camino construido con losas de piedra. En este lago se realizaban fiestas nocturnas, y era un espacio de gran belleza, rodeado por micropaisajes diferentes. Y es que la vegetación era un aspecto muy cuidado, y con el que se pretendía crear el equilibrio entre la quietud y el movimiento, para lo que no se dudaba en respetar sus formas naturales aunque también se le daba formas completamente transformadas de gran imaginación.

En toda la zona ajardinada aparecen desperdigados distintos pabellones, entre ellos el pabellón de té Shoi-ken, cuya denominación significa el pabellón de los pensamientos risueños. Otro de esos pabellones es el Shokintei, que es el más formal de todos. Es un pabellón que tiene una sencilla cubierta de paja y está parcialmente cerrado por mamparas de papel, bambú y madera. En su interior se encuentra una cocina para realizar la ceremonia del té, que se toma en la sala principal, un acto social e íntimo de enorme importancia en la cultura japonesa.

Categorías: Arquitectura, Arte japonés