Arte

Inicio Escultura, Renacimiento Capilla Medicea, Miguel Ángel

Capilla Medicea, Miguel Ángel

Publicado por Laura Prieto Fernández

La Capilla Medici fue realizada por el genio renacentista Miguel Ángel Buonarroti.

La obra fue encargada en torno al año 1520 por el Papa León X para conmemorar a algunos miembros de su familia. El espacio ideado para este proyecto fue una pequeña capilla de planta cuadrada ubicada en la Basílica de San Lorenzo, Florencia y que sería simétrica a la antigua sacristía ideada por Brunelleschi.

El proyecto inicial debía integrar cuatro tumbas distintas: una para Lorenzo el Magnífico, otra para Giuliano, la tumba de Giuliano II duque de Nemours y una más para Lorenzo II, duque de Urbino. El proyecto se completaría con un altar central que albergaría una imagen de la Virgen con el Niño y otras dos esculturas de los santos Damián y Cosme. Finalmente sólo las dos últimas sepulturas y la estatua de la Virgen fueron realizadas por mano de Miguel Ángel.

La obra, que para Miguel Ángel esperaba ser el culmen de la perfecta fusión de la pintura, escultura y arquitectura, sufrió varios cambios y retrasos debido a acontecimientos tan dramáticos como Il Saco di Roma (1527). Desde el inicio se sufrieron retrasos y hasta 1524 no pudieron obtener el ansiado mármol de Carrara, excelente en calidad y pulcritud.

Miguel Ángel diseñó un espacio arquitectónico lineal siguiendo el modelo de Brunelleschi. El espacio se articula a través de pilastras corintias de piedra oscura que resaltan sobre un fondo blanco. El espacio que albergará las esculturas de los duques es concebido de manera manierista y a su vez coincide con la idea neoplatónica de la muerte: el espacio inferior haría referencia al Hades, el intermedio al mundo conocido, el mundo terrenal, y el superior se configuraría como el mundo celestial. Ningún elemento arquitectónico en la obra es banal, cada entrante y saliente otorga al conjunto una luminosidad o sombra específicamente pensada para ese lugar. El conjunto se remata con una cúpula que nos remite al Panteón de Agripa.

Las esculturas, de tamaño superior al natural y corte clasicista, parecen ajenas al espectador y giran su cabeza hacia el edículo que alberga a la Virgen.

Lorenzo aparece sedente y recogido en una estrecha hornacina central cuyas laterales aparecen vacías. El duque de Urbino está ataviado con una coraza clásica y lleva una de sus manos hacia el rostro en actitud pensante, pose que le ha valido el sobrenombre de “Il pensieroso” y algunos autores lo han relacionado con el hombre pensativo y reflexivo.

Bajo el duque dos alegorías aparecen recostadas sobre una urna funeraria de gran tamaño: La Aurora y el Crepúsculo, que representan el carácter dubitativo de Lorenzo. La Aurora parece entristecida y algo aletargada, como si despertara de un profundo sueño. La cinta que rodea su pecho y la toga de la cabeza permiten ponerla en relación con la muerte y quizás su lamento se deba a la pérdida de Lorenzo. El Crepúsculo aparece inacabado, es un hombre maduro que anticipa la idea de la muerte. Su postura relajada deja ver su cuerpo ya flácido.

En contraposición a Lorenzo la figura de Giuliano presenta un movimiento contenido, como si quiera despegarse de su asiento. La figura deja ver ligeros atisbos de esa terribilitá miguelangelesca y su posición nos remite al Moisés que Miguel Ángel realizó para la Tumba de Julio II. Al igual que Lorenzo aparece sedente y situado en una hornacina central y viste coraza de tipo clásica que nos permite ver su atlética anatomía. Giuliano es identificado por los historiadores del arte con el hombre activo e impulsivo.

Bajo él dos alegorías reposan sobre una urna funeraria: El Día y La Noche. El primero aparece alerta igual que Giuliano, situado de espaldas guarda un difícil equilibrio girando su rostro hacia el espectador. Al igual que el Crepúsculo esta figura no fue terminada completamente. La Noche duerme con los ojos cerrados y la cabeza inclinada sostenida por un brazo que descansa en la pierna contraria, es una postura muy complicada pero que permite un gran estudio anatómico. Una lechuza, símbolo de la noche, se esconde entre las piernas de esta figura poco femenina.

Categorías: Escultura, Renacimiento