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Coloso de Meritamun

Publicado por A. Cerra

La egiptología, o sea, el estudio de los restos arqueológicos y artísticos originarios del Antiguo Egipto, parece inabarcable, tanto por su cantidad como por los muchos enigmas que todavía desconocemos de esta civilización.

Por ejemplo, si alguien pensaba que solo se hacía estatuas colosales de los grandes faraones y de las divinidades, estaba ocupado. También se han encontrado gigantescas estatuas de faraonas, como esta de Meritamun hallada en 1982 en la parte delantera del templo del dios Min en la antigua ciudad de Ipu, conocida en la actualidad como Ajmin.

Coloso de Meritamun

De hecho esta escultura formaba pareja con la de su esposo, cuyos restos también salieron a la luz en aquella campaña arqueología. Pero mientras la gran figura de 11 metros de altura de Meritamun se desenterró en un magnífico estado de conversación, la de su esposo, Ramsés II de XIX Dinastía, estaba mucho más fragmentada.

Por cierto, Ramsés II no solo era el esposo de esta reina consorte, también era su padre. Una práctica incestuosa de la que hay bastantes ejemplos a lo largo de la historia antigua de Egipto. Y todo ello se hacía con el objetivo de que la sangre real no se mezclara y fuera lo más pura posible.

De esta manera, Meritamun era la hija de Ramsés II y de su esposa favorita, Nefertari, la cual falleció muy joven, así que cuando su descendiente creció y dado su extraordinario parecido físico, se acabó por convertir en la esposa real de su progenitor. De hecho, parece que incluso cuando su madre estaba enferma ya la sustituía, al menos protocolariamente, ya que se tiene constancia de ello gracias a las crónicas que relatan cómo se inauguró el gran templo de Abu Simbel destinado a la divinización de Ramsés II y de Nefertari, si bien está nunca llegó a verlo, y en cambio sí lo hizo su hija.

En cuanto a la escultura en sí, podemos decir que es prototípica del estatura egipcia tradicional. Vemos a la reina de pie y en una actitud de caminar, algo que se manifestaba con un gesto tan simple como avanzar uno de sus piernas. Y en cuanto a sus otras extremidades, un brazo va en paralelo al cuerpo y el otro se dobla sobre el pecho portando en la mano un objeto muy habitual en el arte de la época: un espantamoscas.

Meritamun lleva el vestido que se ve en muchas otras representaciones escultóricas y pictóricas de la XIX Dinastía. O sea que luce un vestido largo muy ceñido, con un gran un cinturón, peluca en forma de melena que le cae hasta el pecho, collar, pendientes y un tocado donde aparecen símbolos como los buitres o las cobras solares. Una figura muy formal y rígida, de carácter frontal como es habitual en el arte egipcio, pero no es tan hierática e inexpresiva como otras representaciones, ya que su rostro parece enseñar una coqueta sonrisa.

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