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Conjunto escultórico Moarves de Ojeda

Publicado por Laura Prieto Fernández

Pocos conjuntos catedralicios pueden presumir de un grupo escultórico de tanta calidad como el que se puede observar en la pequeña localidad de Moarves de Ojeda en la provincia de Palencia, Castilla y León. Moarves de Ojeda es una pequeña localidad situada en la comarca de La Ojeda a unos veinticinco kilómetros de Aguilar de Campoo, resulta curioso como un municipio tan pequeño que puede pasar fácilmente desapercibido en la historia de España, alberga en su interior una de las joyas del románico palentino más destacadas.

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Se trata de un pequeño templo de época románica dedicado a San Juan Bautista que parece ser fue levantado en dos fases: la primera de ellas en torno a las últimas décadas del siglo XII cuando se construyó el grueso del edificio con una sola nave y cabecera única de testero plano; años más tarde ya en época tardogótica el templo fue remodelado cambiando la cubierta y levantando una imponente espadaña con remate de piñón en la zona de los pies. A primera vista, el templo no parece destacar demasiado en el aspecto constructivo, pero es la decoración escultórica de la iglesia lo que ha llamado la atención de los historiadores del arte, concretamente la portada sur levanta en piedra caliza roja con la representación de un gran friso en el que se puede observar un pantocrátor central flanqueado por las figuras de los apóstoles.

Poco se sabe acerca del escultor que pudo realizar una obra de semejante calidad artística; parece ser que la pieza muestra algunas similitudes con las esculturas ubicadas en Carrión de los Condes, sin embargo los expertos no se ponen de acuerdo al afirmar que pudiese tratarse del mismo maestro. Sea como fuere lo cierto es que iconográficamente nos encontramos ante una escultura típica del románico: es una Maiestas Domini, Jesucristo resucitado aparece en una mandorla o almendra mística sedente en un trono mientras bendice con una mano y con la otra sostiene una biblia; es un Cristo todopoderoso, representado como cronocrátor, señor del tiempo y cosmocrátor, señor del espacio. Rodeando la mandorla encontramos los símbolos de los cuatro evangelistas representados según el tetramorfos: así San Mateo es el ángel, San Lucas el toro, San Marcos un león y San Juan el águila.

Es precisamente la figura de Jesucristo la que mayor repercusión ha tenido, el artista ha abandonado paulatinamente los rígidos cánones románicos para buscar cada vez mayor naturalismo. Así en Jesucristo el artista recrea la naturalidad en el pelo y barba trabajados con la técnica del trépano y logrando un gran realismo. Las vestiduras de su túnica destacan por la multiplicidad de los pliegues que nos remiten a las formas helénicas en las que el artista pudo encontrar inspiración.

Flanqueando la Maiestas encontramos a los apóstoles dispuestos en dos grupos de seis. Cada una de las figuras se enmarca en un arco trilobulado sustentado por columnillas de capiteles vegetales. Los apóstoles llevan filacterias o elementos iconográficos que nos permiten distinguirlos, sin embargo no resultan tan naturalistas como la figura de Jesucristo.

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