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Dante sentado de Jerónimo Suñol

Publicado por A. Cerra

Jerónimo Suñol (1839 – 1902) fue un artista que se formó como escultor en el taller de los hermanos Venancio y Agapito Vallmitjana, representantes de la corriente de escultura ecléctica de las décadas de la segunda mitad del siglo XIX en España.

No obstante, Suñol como demuestra esta obra titulada Dante sentado que realizó en el año 1864 y que se conserva en el Museo de Arte Moderno de Barcelona, fue un escultor de más calidad, ya que carece del enfatismo vacío de sus maestros. Si bien la realidad, es que no contó con excesivos mecenas ni encargos a lo largo de su vida, y por lo tanto su producción no fue tan abundante.

Dante sentado de Suñol

Y eso pese a que se preocupó por tener una buena formación académica. De hecho viajó a Roma con ese propósito, para luego regresar a su Cataluña natal, y finalmente establecerse en Madrid.

Concretamente esta obra la creó durante su estancia en la capital italiana, y su objetivo es crear una nueva imagen del tema del “pensieroso”, algo que se ha repetido a lo largo de toda la historia del arte desde el retrato de Lorenzo el Magnífico de Miguel Ángel en la Capilla Medicea de Florencia hasta el famoso Pensador de Auguste Rodin.

Con ello busca representar la penetración psicológica del personaje retratado, el literato florentino Dante Alighieri, y trasladar esa profundidad de sus pensamientos a todo su cuerpo. El resultado es una obra más de estilo realista que romántica, las dos principales corrientes artísticas que se estaba desarrollando por entonces en el panorama cultura español. Pero tiene elementos de ambos estilos, de ahí que Jerónimo Suñol esté considerado como un artista ecléctico que toma características de diversas influencias.

Nos presenta al personaje en una pose bastante natural, sentado y meditando tranquilamente, para plasmar su psicología, a lo cual también ayuda la severa representación de los ropajes, así como la silla que le sirve de asiento que recuerda el mobiliario clásico de la Antigüedad. Y en todos y cada uno de los detalles de esta obra se puede valorar la extraordinaria maestría de este autor.

No obstante, pese a su calidad, fue un escultor muy incomprendido en la época, e incluso se podría decir que injustamente valorado, porque su arte es de un escultor muy profundo que le tocó vivir un momento en el que primaba el efectismo y hasta las extravagancias, motivo por el cual sobresalieron más otros creadores de una talla menor.

Por ejemplo, el viajó a Roma sin contar con un pensionado, a diferencia de otros artistas contemporáneos. Por lo que su situación económica cuando realizó esta obra no era excesivamente boyante. Algo a lo que estaba acostumbrado, ya que procedía de una familia modesta al ser hijo de carpintero. Debido a esos antecedentes familiares comenzó su tarea como escultor como imaginero en madera, y de ahí se pasó a materiales más nobles y propios de la escultura con mayúsculas.

Pero esto le costó mucho, y aún así nos ha legado importantes obras como ésta o la escultura de Cristóbal Colón que en 1875 realizó para la madrileña plaza de Madrid que lleva el mismo nombre del descubridor de América.

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