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San Jerónimo penitente de Leonardo da Vinci

Publicado por A. Cerra

Leonardo da Vinci dejó muchas de sus pinturas inacabadas. Con anterioridad ya hemos descubierto algunas de ellas como La Adoración de los Magos. Y hoy es el momento de hablar de su San Jerónimo penitente, una tabla pintada al temple hacia el año 1480 y que en la actualidad se conserva en los Museos Vaticanos.

San Jerónimo penitente de Leonardo da Vinci

No obstante aunque hoy formé parte de la pinacoteca vaticana, eso no significa que la realizase para ese estamento eclesiástico. En realidad, se ignora quién se la encargó y porque la dejó sin terminar. Tan solo se tiene constancia de ella gracias a que fue propiedad de la pintora Angelica Kauffmann, y que más tarde pasó a poder de un cardenal. Si bien en sus manos o en alguno de sus herederos la tabla fue cortada en varios trozos y lo mismo se usaba como tablero de mesa que como tapa para un cajón. Y es que el cuadro en su totalidad tiene una superficie de madera destacada, de 103 x 75 cm. Por fortuna, a mediados del siglo XIX, el Papa Pío IX hizo que se estudiara y fuera comprada, y por ello hoy cuelga en los museos de la Santa Sede.

Esas aventuras y desventuras son muy propias de la atmósfera que rodea al mundo de Leonardo. Si bien es cierto que tal vez este cuadro sea uno de los más enigmáticos de su producción.

Es casi monocromo, y en él, el pintor esbozó con sumo detalle toda la composición, prestando una especial atención al rostro del santo, al que le dota de una esclarecedora expresión de sufrimiento y espiritualidad, lo que se supone que vivió San Jerónimo cuando se alejó del mundanal ruido y se recluyó a vivir en soledad en el desierto. Con la única y singular compañía de un león, al cual también vemos en la imagen.
La escena la domina el santo, ubicado en el centro, y creando una diagonal que organiza la composición y guía la mirada del espectador. Es una postura cargada de dramatismo, ya que parece estar golpeándose a sí mismo, en un cuerpo que ya está en los huesos. Esta dentro de su caverna, y a las puertas, está sentado el león, cuya anatomía parece serpentear por la parte baja del cuadro. Tanto el santo como el animal son las partes más claras de toda la tabla, lo cual todavía les da más protagonismo.

Y al fondo es un paisaje, sin duda muy leonardesco. Aparecen sus típicas rocas puntiagudas y agrestes. Todo ello cargado de misterio. El cual se refuerza por el dibujo de una iglesia al fondo, quizás representando la iglesia de Belén donde fue enterrado el santo.

En definitiva, un cuadro que es un buen exponente del arte y misterio que rodea todas las creaciones de da Vinci.

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