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Elogio al horizonte de Chillida

Publicado por A. Cerra

Esta monumental escultura realizada en hormigón la realizó Eduardo Chillida en el año 1990 en la ciudad española de Gijón (Asturias).

En principio el hormigón ha sido un material más propio de la arquitectura que de la escultura, sin embargo el artista vasco Eduardo Chillida ha sido uno de los escultores más preocupados por utilizar este material, que en realidad es la mezcla de grava, arena, agua y cemento, elementos que al mezclarse y secarse unidos forman un material de tremenda fuerza y resistencia, de ahí su empleo habitual en muchas de nuestras viviendas.

Elogio al horizonte de Chillida

Elogio al horizonte de Chillida

Una de las ventajas del hormigón es que se puede y debe trabajar en un estado casi líquido, lo que permite darle la forma que se desee, una forma que se trabaja tallando y modelando el molde previo.

Además otra de sus ventajas es que se puede trabajar a unas escalas gigantescas para la escultura, en definitiva más propias de la arquitectura.

Eduardo Chillida realizó numerosas esculturas para no ubicarse en un museo sino en el exterior, al aíre libre, de hecho concebía cada una de esas obras teniendo en cuenta la ubicación definitiva, generalmente en la naturaleza, e imbricando su arte con el entorno, ya que la obra carecería de sentido situada en cualquier otro lugar.

En este caso se trata de una monumental puerta a través de la cual podemos ver la línea del horizonte que forman las aguas del mar Cantábrico y el cielo. La situó en un monte sobre la ciudad de Gijón, alejándose de ese modo de los ruidos y las prisas de la ciudad, ya que su intención era que la escultura se convirtiera en una ventana al recogimiento y para la contemplación de la naturaleza.

Pero además la obra se ha convertido en uno de los símbolos de esta moderna ciudad asturiana, ya que Eduardo Chillida ha sido uno de los grandes escultores del panorama mundial durante la segunda mitad del pasado siglo XX.

No es éste el único ejemplo de su escultura monumental situada en los entornos naturales de la ciudad. Tal vez el más famoso de todos ellos se sitúa en su País Vasco natal, concretamente en la ciudad de San Sebastián donde realizó en 1977 su famosísimo y admirado Peine de los vientos, en esta ocasión realizado en hierro. Una escultura que sobre las rocas se asoma a las olas de su querido mar Cantábrico y parece que el agua, la espuma del oleaje, las fuertes mareas y el viento cambien sus formas y perspectivas.

En principio esculturas como éstas, de un tamaño en ocasiones descomunal y situadas en este tipo de paisajes provocó que su obra tuviera un ingrediente de polémica, y se le llegó a tachar de ser un arte agresivo. Sin embargo, con el paso del tiempo y la enorme reputación artística alcanzada por Eduardo Chillida se ha sabido apreciar su perfecta integración con el medio natural, sus mensajes y la osadía de cada una de estas obras. Y al final de su vida no tenía ningún problema en conseguir que ese tipo de obras fueran admiradas por el público y solicitadas por posibles encargantes.

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