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Lotura XXXII de Chillida

Publicado por A. Cerra

A lo largo de la trayectoria artística del escultor vasco Eduardo Chillida se pueden ver algunas obras de dimensiones ciertamente espectaculares, que además en ocasiones estaban destinadas a ubicarse en parajes ya de por sí muy atractivos, como es el caso de su emblemático Peine de los Vientos en la costa de San Sebastián, su ciudad natal.

Lotura XXXII de Chillida

No obstante, podemos ver más ejemplos. Uno de ellos es esta Lotura XXXII que se encuentra en la explanada del Museo Chillida Leku situado en las cercanías de la población de Hernani.

Lotura en eukera, la lengua vasca, significa nudo o unión. Y está claro que esta obra de Lotura XXXII representa esa idea, pero a una escala monumental. Estamos hablando de una obra de acero que pesa más de 64 toneladas, por lo que se materializó en una empresa de forja industrial, que curiosamente no se encuentra en el País Vasco, sino en la vecina comunidad de Cantabria. Concretamente nos referimos a la empresa Sidenor de Reinosa.

Y hay que fijarse en ese detalle de que sea una empresa de forja y no de fundición, ya que el proceso de trabajo de Chillida no consiste en hacer moldes para luego fundir el metal. No. Él concebía que era necesario luchar con el acero, o el hierro o el metal con el que se trabajase. O sea, había que forjarlo. Un proceso en el que es imprescindible calentar el metal hasta que alcance las temperaturas oportunas para que se expanda, se contraiga y se curve.

En este caso lo hizo con acero del tipo Corten. Es decir, un acero que tiene una capa superficial con una aleación en la que predomina el cobre y cuyo objetivo es hacer de antioxidante frente a los agentes externos. Sin embargo, lo que Chillida buscaba era conseguir que esa capa se desprenda y que llegue la oxidación y por lo tanto aparezca un tono cobrizo, naranja, incluso rojo. De hecho el color indica la antigüedad de la pieza, ya que siempre tiende a oscurecer. Lo cual todavía destaca más cuando el fondo es el tono complementario del verde, característico de los paisajes vascos, y también el amplio espacio del museo, que en realidad es un antiguo caserío que compró el propio Eduardo Chillida en vida, y donde trabajó enormemente en su recuperación para que fuera el lugar ideal donde ver su trabajo.

Así que esta obra se colocó ahí, en la pradera del caserío y ahí va cumpliendo años como delata su tono naranja oscuro. De hecho, la ejecutó en 1998. Para ello usó dos piezas macizas. La inferior es la que hace de base y es donde se ensambla superior. Y es aquí donde está ese característico nudo o lotura, ya que se aprecian cuatro brazos anudados.

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