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Fuente Wittelsbacher de Hildebrand

Publicado por A. Cerra

Esta fuente ubicada en la ciudad alemana de Munich es un magnífico ejemplo del tipo de obras escultóricas que realizó el artista alemán Adolf von Hildebrand (1847 – 1921), el más célebre de los escultores germanos de estilo neoclásico.

Hildebrand consideraba que la escultura había partido del dibujo, de donde pasó a convertirse en relieve. Por ello, uno de los grandes atributos del arte escultórico como son sus tres dimensiones, en el caso de Hildebrand se ve muy reducido, ya que su proceso de trabajo se basa en las dos dimensiones del dibujo, y por lo tanto aunque es un referente en su país del arte más académico, lo cierto es que no se le puede considerar uno de los grandes escultores de la historia, e incluso ciertos críticos e historiadores lo tildan de artista más bien mediocre.

Fuente Wittelbascher de Hildebrand

Fuente Wittelbascher de Hildebrand

No obstante, es interesante estudiar sus obras, tanto grupos monumentales como esta Fuente Wittelsbacher o monumentos conmemorativos como la figura ecuestre de Bismarck de la ciudad alemana de Bremen, para conocer bien la evolución histórica y estética de la escultura.

En el caso de la fuente muniquesa, la inició en el año 1891, y posiblemente lo más interesante sea apreciar como ha tenido muy en cuenta su ubicación, y la integración de la obra con ese fondo de vegetación. Volviendo a lo dicho más arriba, lo plantea como un cuadro, con ese fondo de paisaje y un eje central predominante. Si bien hay que tener en cuenta que el espectador la puede casi rodear y por lo tanto puede tener multitud de puntos de vista de la fuente.

Por ello, el artista jugaba con varios planos y para ello creó diferentes tazas receptoras de agua, es decir hay distintos chorros y también va conformando varios grupos de escultura, todos ellos combinados un una gran armonía.

La Fuente Wittelsbacher se convierte para Hildebrand en una demostración práctica de las teorías estéticas que planteó en su libro El problema de la forma. Esta publicación es un tratado sobre el arte de la escultura, en la que lo primero que distingue es entre la contemplación desde la lejanía o el acercamiento. Y considera que la primera es la verdadera forma de ver el arte, ya que así se tiene una visión de conjunto. De hecho, en esta fuente lo más atractivo es contemplarla en su integridad.

Otro de sus conceptos más representativos es que Hildebrand distingue entre la forma real y la forma perceptual. La primera es la que tiene en sí la fuente independiente de condicionantes cambiantes. Y la segunda, depende de ciertas variables como la luz del día, el aspecto del entorno o los diversos puntos de vista, y cree que este es el verdadero campo de trabajo de artista, estudiar y plasmar esos diversos aspectos de la obra. No obstante, no consigue trabajar eso en su plenitud, y es que se denota excesivamente su proceso de creación, basado en la secuencia de planos hacia el fondo, como un relieve, y no como un grupo escultórico con infinidad de perspectivas y con la posibilidad de contemplarlo desde múltiples distancias.

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