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Monumento a Bismarck de Hildebrand

Publicado por A. Cerra

El escultor alemán Adolf von Hildebrand realizó esta escultura ecuestre para la ciudad germana de Bremen y en ella representa al canciller Otto von Bismarck, el gran artífice de la unificación de los territorios germánicos en el siglo XIX.

La familia de Hildebrand tenía pocos vínculos con el mundo artístico, ya que su padre era un profesor de economía, con una clara ideología liberal que vivía en Marburgo, pero tras la revolución que tuvo lugar en 1848 se vio obligado a huir a la ciudad suiza de Berna. Allí creció el joven Hildebrand, rodeado de un ambiente muy intelectual pero no tanto artístico.

Monumento a Bismarck

Monumento a Bismarck

Sin embargo, con veinte años él decide que quiere ser artista y con ese objetivo se va a Roma a formarse. En la capital italiana conocerá al pintor Hans von Marées, y también al filósofo y crítico de arte Conrad Fiedler, dos enormes influencias que se quedan bien patentes en su obra teórica El problema de la forma de 1893. Y es que Hildebrand, además de escultor siempre tuvo una enorme inquietud por la teoría del arte y los problemas filosóficos que ésta acarreaba. De hecho, con el paso del tiempo sus escritos teóricos, y en particular ese libro se han convertido en su mayor legado, pese a que su estilo literario es más bien pesado, ya que su obra escultórica los críticos e historiadores la consideran de una calidad media.

Pero entre toda su producción destaca esta escultura a caballo del canciller Bismarck, enmarcada dentro de una larguísima tradición de esculturas ecuestres de gobernantes, cuyos orígenes se remontan hasta el Imperio Romano, con escultura de Marco Aurelio como máximo exponente. Y es que para los políticos y gobernantes de casi todas las épocas históricas les ha gustado muchísimo asemejarse a los emperadores romanos.

Hay que tener en cuenta, como ya se ha dicho, que Hildebrand viajó a Roma para formarse como artista, y evidentemente se empapó del arte que derrocha esa ciudad. No sólo de los restos de la época imperial, sino de otras muchísimas épocas. No obstante, lo que más le impactó, como a tantísima otra gente aspirante a artista, fue descubrir la producción de Miguel Ángel, aunque lógicamente distancia entre la calidad artística del italiano y del alemán es abismal.

Esta escultura de Bismarck sirve de ejemplo, ya que la obra transmite sobre todo frialdad. Algo que se debe, además de a su maestría artística, a su propio método de trabajo. Basta comparar que Miguel Ángel estaba convencido de que una escultura ya estaba hecha dentro de un bloque de mármol y el escultor lo único que tenía que hacer era devastar la piedra y sacar a la luz la obra. Mientras que Hildebrand consideraba que el dibujo precede a la escultura, es decir, que él partía de sus dibujos en un plano para luego crear relieves en diferentes caras y finalmente conseguir las tres dimensiones de la escultura. Un proceso que evidentemente queda claro a la hora de ver sus obras, ya que se trata de esculturas carentes de vida, excesivamente frías, aunque tal vez sea lo más adecuado para un tipo de obra tan oficial como ésta, un buen ejemplo de la escultura propagandística de finales del siglo XIX.

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