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Fuente Stravinsky

Publicado por A. Cerra

Fuente Stravinsky

La pareja formada por Jean Tinguely y Niki de Saint Phalle concibieron en 1983 la Fuente Stravinsky en París. Un peculiar homenaje visual y artístico al compositor Igor Stravinsky, cuya ubicación no puede ser más oportuna, y que la fuente es vecina al Centro de Investigación de Música Contemporánea y el Centro George Pompidou. Además de que a su espalda está la iglesia histórica de Saint Merri.

La Fuente Stravinsky incluye 16 figuras distribuidas por la pileta de agua. Las que son negras son obra de Tinguely, mientras que las más coloridas son obras de Niki de Saint Phalle, ya que la trayectoria creativa de esta mujer siempre se ha caracterizado por los colores fuertes. Pero en este caso supieron trabajar bien compenetrados y equilibrar el estilo de una y otra. Al fin y al cabo se trataba de darle el protagonismo al conjunto y al homenajeado.

De ahí que sean figuras que pueden “danzar”, o sea que se mueven al ritmo de la aspersión del agua de la fuente. Por lo tanto también tiene algo de arte cinético, pero a diferencia de las famosas obras de Alexander Calder que están presentes en París y que son movidas por fuerza variable del viento, en este caso es el agua el causante del movimiento.

No obstante, en esta fuente sus autores renunciaron a los efectos electrónicos más complicados de su época. Ellos buscaban algo simple, muy visual pero que tuviera algo del espíritu de artistas callejeros e incluso de circo que tanto gustaban al compositor ruso. Por otra parte la referencia a sus obras está muy presente en las figuras, tanto en las peculiares representaciones de las notas musicales como en los personajes que aluden a sus composiciones musicales.

Es una obra plagada de encanto y de modernidad. Aún hoy en día, que estamos acostumbrados a ver intervenciones en fuentes con grandiosos efectos audiovisuales, el atractivo de la Fuente Stravinsky es innegable, sobre todo por esa sabia combinación de colores y movimiento, todo muy accesible y agradable para el paseante.

Lo cierto es que fue una apuesta muy atrevida por parte de las autoridades parisinas, ya que no se había hecho fuentes nuevas en la ciudad prácticamente desde el año 1937. Sin embargo aquí optaron por una llamativa intervención de arte contemporáneo y con un presupuesto más que destacado. Algo que siempre causa ciertas críticas, pero es evidente que fue un éxito su instalación valorando la estupenda hibridación que ha tenido con su entorno urbano con el paso de los años.