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Móvil monumental de la UNESCO de Calder

Publicado por A. Cerra

Esta obra de enormes dimensiones la realizó el escultor norteamericano Alexander Calder en el año 1958 y ocupa un espacio preferente ante la fachada de la sede de la UNESCO en París. Tanto por su ubicación, como por su calidad, así como por la enorme cantidad de gente que la llega a ver a lo largo de un año, se trata de una de las obras más emblemáticas de toda la producción escultórica de este rompedor artista, nacido en el año 1898 en Philadelphia y muerto en 1976 en Nueva York.

Móvil de la Unesco en París

Móvil de la Unesco en París

Si hay un escultor que realmente haya contradicho la propia esencia de la escultura, éste ha sido Alexander Calder, ya que él fue quien quiso que la escultura, de por sí un arte estático, se convirtiera en algo dinámico, que su aspecto cambiase en el tiempo y en el espacio. Es decir, su objetivo era dotar de movimiento a la escultura, y que las tradicionales tres dimensiones de este arte se transformaran en cuatro, teniendo en cuenta el tiempo.

Esto lo logró con sus móviles (mobiles), nombre que no le dio a su arte el propio Calder, sino su amigo Marcel Duchamp, otro de los grandísimos revolucionarios de la historia del arte durante el siglo XX.

Para acometer este tipo de obras, Calder comenzó a hacerlas en formatos de pequeñas dimensiones, utilizando para ello finas piezas metálicas, pintadas de diversos colores y de formas abstractas, y posteriormente mediante alambres iba uniendo todas las piezas, lo cual, además de ensamblar todo el conjunto, hace que todas las piezas se mantengan en equilibrio, un equilibrio que se convierte en movimiento al menor golpe de viento, lo que provoca que varíe su aspecto, ya que cambia la forma y también la luz incide en cada una de las piezas de forma diferente.

Estos estudios de tamaño reducido luego los trasladó a tamaños más grandes, adquiriendo proporciones monumentales como en esta escultura parisina, donde los finos alambres se convierten en barras metálicas de mayor grosor, pero de suficiente ligereza como para que tengan movilidad.

De alguna forma esta obra y otras contemporáneas que realizó pasada la mitad del pasado siglo fueron su gran triunfo, ya que las hay desperdigadas por grandes ciudades del mundo y siempre en espacios preferentes como es el caso de Lincoln Center de Nueva York o en la Plaza Federal de Chicago. No obstante, para llegar a realizar este tipo de obras de tales dimensiones, experimentó durante más de dos décadas en tamaños menores, es decir, desde los años 30, cuando fue uno de los puntales de las vanguardias más atrevidas y gozó de la amistad de artistas como Piet Mondrian, Jean Arp o Joan Miró.

Si bien, su inquieta personalidad hizo que su arte no se redujera tan solo al campo escultórico y también al pictórico, ya que sus intereses eran mucho más amplios, por ello no dudó en ilustrar libros o crear escenografías teatrales, así como hizo sus experimentos en el diseño de joyas, de juguetes y de diferentes útiles domésticos.

Categorías: Escultura, Vanguardias Artísticas del siglo XX