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La originalidad de la escultura romana (II)

Publicado por Chus

Uno de los retratos de Tito (79-81) nos lo muestra como más enfáticamente romano que la estatua del “Augusto de Prima Porta”. Se lo representa llevando la tradicional toga romana, un enorme atavío más o menos oval que caía en una multitud de voluminosos pliegues que requería de una gran habilidad para poder colocarla correctamente. El concepto de belleza griega hace que se suavicen los imperfectos rasgos del emperador quien, era considerado como la “maravilla” humana y alabado pro su buena apariencia. Sin embargo las lecciones aprendidas del arte clásico griego no se olvidaron. La técnica escultórica por la cual la pose del cuerpo se revela a través de los pliegues de la tela, pertenece a los artistas del siglo V antes de Cristo, la aplicación al retrato imperial, es invención romana.

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Otro ejemplo de la persistencia de las ideas y formas griegas es el retrato de Sabina, esposa del emperador Adriano (117-138). El cuerpo de la estatua es simplemente una copia de la famosa “Venus Genetrix” del siglo V antes de Cristo, aunque la modestia romana ha hecho que se cubra también el pecho izquierdo. La estatua, con la cabeza-retrato de Sabina colocada sobre la imagen clásica de Venus, es una alegoría visual, ya que en la mitología romana, la diosa Venus era la supuesta madre de Eneas, antepasado del pueblo romano. Así, este retrato de Sabina sugería que ella tenía la misma relación con la población romana, era una especie de “madre” de Roma. Era muy frecuente en la plástica romana este desinterés por el cuerpo, y el fijar la imagen de una persona solo por su rostro, concepto que era ajeno a los griegos, así había talleres que hacían los cuerpos en serie, a los que luego se añadían los retratos de cabeza.

El retrato del emperador Cómodo (180-192) también es una alegoría, ya que se viste con la piel de león de Hércules, llevando la maza del héroe en una mano y las manzanas de la inmortalidad en la otra. Alejandro Magno había sido representado al estilo de Hércules, a quien reconocía como fundador de su dinastía y algunos reyes helenísticos siguieron su ejemplo. A medio milenio de distancia, un emperador romano estaba haciendo lo mismo. Las suaves superficies de la piel de Cómodo están pulidas hasta obtener brillo, contrastando con la riqueza del juego luces y sombras de pelo y barba. El emperador está cubierto con la pesada piel, impecablemente acicalado, con aire de incontestable superioridad, mirando a lo lejos. Este emperador fue uno de los más brutales y representó el papel de un héroe en una horrible parodia. Había recogido a todos los habitantes de Roma que no tenían piernas, les colocó unos adornos en forma de serpiente atados a los muñones de sus miembros, les dio esponjas para lanzar, en vez de piedras, y los golpeó despiadadamente con su maza, declarando que era Hércules castigando a los gigantes turbulentos. Este brillante retrato, aunque conserva la dignidad oficial de la imagen del emperador, consigue a pesar de todo sugerir el carácter del sádico pervertido que fue Cómodo.

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