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La originalidad de la escultura romana (III)

Publicado por Chus

El gusto por lo específico que se observa en los retratos de Roma, se puede apreciar también en los relieves, sobre todo en los que caracterizan a este estilo, los relieves históricos labrados para decorar monumentos conmemorativos de acontecimientos especiales, como columnas votivas, arcos de triunfo, altares, etc. La escultura griega arquitectónica solía reproducir mitos eternos, e incluso el friso decorativo del Partenón, que a su manera era conmemorativo, carece de la especificidad de la persona y del acontecimiento concreto que eran tan significativas para el gusto romano, ya que la “Procesión de las Panateneas” no responde a una fecha concreta, con unos personajes determinados, que podemos reconocer por su fisonomía, sino a la idea de la fiesta, genérica.
El “Ara Pacis” (Altar de la Paz) fue erigido por Augusto en los años 13 – 9 antes de Cristo, nos muestra bien a las claras la actitud romana respecto al acontecimiento, incluso en un momento en que los valores griegos están en pleno auge. Igual que ocurrió con la transformación del “Doríforo” de Policleto en el “Augusto de Prima Porta”, los modelos escultóricos griegos se usaron para conferir gracia y dignidad al tema, pero terminaban por prevalecer las ideas romanas en general. El altar estaba decorado con relieves, algunos de los cuales mostraban una procesión que ciertamente evocaba la labrada en el Partenón de Atenas. El juego de luces y sombras de los pliegues de los ropajes, la clara articulación de los cuerpos bajo los mismos, el sentido del avance rítmico de los personajes, está directamente relacionado con los relieves del friso ateniense. Pero mientras que en ellos los individuos no pueden identificarse, ni puede precisarse su tiempo histórico, en el Ara Pacis se han esculpido retratos reconocibles y, la misma procesión puede fecharse exactamente, el cuatro de julio del año trece antes de Cristo (aunque terminara de esculpirse cuatro años después). La singularidad de los participantes y del acontecimiento en la inauguración del altar se pone de relieve con los sacerdotes al frente llevando singulares cascos acuminados, que van seguidos por un hombre velado que porta un hacha para el sacrificio animal, a continuación les sigue el general Agripa, a cuyos ropajes se agarra un niño, etc. Todo ello resulta muy diferente de las inespecíficas representaciones del arte clásico.

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A medida que avanza la historia del Imperio romano, se va dependiendo menos de los prototipos clásicos. Así con los Flavios, como ya habíamos visto con el retrato de Tito, en los relieves conmemorativos de la “Toma de Jerusalén” esculpidos en el interior del arco de triunfo de su mismo nombre, observamos un cambio en este sentido. El panel que muestra a los soldados de Tito transportando los restos de Jerusalén es de un gran realismo. Dado que las esculturas y relieves romanos, al igual que los griegos, se coloreaban siempre, las representaciones del botín habrían sido pintadas de dorado, con lo que el papel convincente de esta procesión sería mayor que en la actualidad, acentuada por las túnicas de los soldados pintadas de brillantes colores, con el candelabro de los siete brazos resplandeciente, contrastando con el fondo del cielo pintado en azul oscuro. Se ha dejado mucho espacio y aire sin esculpir sobre las cabezas de las figuras y, esto da la impresión de una mayor libertad de movimientos de los personajes y también una ambientación más natural que la del Ara Pacis, ya que la mayoría de las cabezas de las figuras llega al borde superior del friso.

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