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La originalidad de la escultura romana (V)

Publicado por Chus

A partir del primer cuarto del siglo III después de Cristo, se realizó muy poca escultura oficial para el Estado, ya que el gobierno tenía otras cosas de que preocuparse que levantar monumentos conmemorativos. Entre los años 235 y 285 reinaron unos veintiséis emperadores de los que solo uno murió de muerte natural, así con las guerras civiles asolando el Imperio, mientras que los bárbaros acechaban las fronteras, el Estado romano abandonó sus encargos públicos. En este momento la escultura nos la encontramos en los relieves particulares realizados en los sarcófagos, en los que se labraban elaborados relieves. La moda de las sepulturas en sarcófagos se inició aproximadamente a mediados del siglo II y creció considerablemente a lo largo del siglo III, siendo (junto a los retratos) prácticamente el único tipo de escultura realizado.

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Los sarcófagos estaban decorados de distintas maneras. En ocasiones, representaban mitos griegos, en otras, incidentes cotidianos de la vida del difunto, en otros casos se representaban las estaciones del año, escenas báquicas o incluso aparecían decorados con guirnaldas colgantes. De todos los sarcófagos conservados, tan solo unos pocos pueden considerarse como auténticas obras de arte, pero son importantes para la historia del arte, ya que en el Renacimiento cuando se “redescubren”, son una de las grandes fuentes inspiradoras para los artistas.

Un sarcófago de mediados del siglo III que se encuentra en el Museo Vaticano (no hay imagen disponible), describe en su frente la historia del héroe Aquiles y de la reina Pentesilea. Ésta era la reina de las amazonas, la horda legendaria de mujeres guerreras. Según el mito, las amazonas eran aliadas de los troyanos y fueron a luchar a su lado cuando los griegos atacaron la ciudad. Aquiles, campeón de los griegos, luchó contra la reina de las amazonas en un combate singular y acabó matándola. Fue un triunfo ambiguo, ya que en el momento en que la reina moría, Aquiles se dio cuenta de que se había enamorado de ella. El sarcófago muestra a Aquiles situado prominentemente en el centro, sosteniendo el cuerpo sin vida de Pentesilea, teniendo a su alrededor una maraña de cuerpos que están sosteniendo una feroz lucha. Guerreros varones, mujeres, caballos, de distintos tamaños, desde las realmente diminutas hasta las que son tan grandes como el propio Aquiles rodean la escena principal. A ambos lados de la escena se ve a una amazona que escapa, pero gira su cabeza mirando hacia atrás, siendo idénticas las dos. Esta simetría formal resulta discordante con el desorden de la batalla, con lo que podemos suponer que el relieve estaba pensado para ser decorativo. El artista pensó que había relatado suficientemente la historia en el centro de la escena, y así usó las otras figuras como relleno, reducidas de tamaño o ampliadas según fuera necesario para hacer del panel entero una superficie ondulante de luces y sombras. No estaba interesado en componer una escena lo más naturalista posible ni en contar una historia convincentemente, sino que buscaba un patrón decorativo por encima de todo, no demasiado diferente, en cuanto al objetivo estético, del jarrón geométrico pintado por un artista griego mil años atrás.

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