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La peste de Gaetano Zumbo

Publicado por A. Cerra

La peste de Gaetano Zumbo

Hoy os vamos a hablar de un escultor barroco famoso por trabajar un material tan delicado como la cera de colores. Hablamos de Gaetano Guilio Zumbo (1656 – 1701). Pero no solo es un personaje muy interesante por el material de trabajo, sino también por la forma que finalmente le daba a sus realizaciones, ya que se trata de un artista obsesionado por darle su aspecto absolutamente real al cuerpo humano. Por eso su arte tiene mucho de ciencia y de estudio, de hecho es un estilo que se llamado anatomista.

Esta obra de La peste que se encuentra en La Specola de Florencia, un museo de Historia Natual, es un buen ejemplo de ello. Y es que aquí con las excusa de la enfermedad de la peste, genera una imagen en la que vemos todas las fases que puede tener un cuerpo humano. Desde lo más esplendoroso hasta su muerte, y no solo eso, también su putrefacción. Así lo apreciamos en la pila de cadáveres que ocupa todo el primer plano. Unos cuerpos en distintas fases de descomposición y que distinguimos en una organización compositiva extraordinariamente cuidada.

Su proceso de trabajo es modelar la cera, y aún blanda colorearla. Actúa casi como un miniaturista. Y por supuesto se explaya en todos los detalles macabros, donde su realismo llega a ser perturbador. Fue un tipo de arte tenido en la época como algo muy curioso. Si bien Zumbo no fue el único que trabajo este tipo de escenas. También lo hizo Guisepe Salerno, que dejó su huella en la decoración de la Capilla de Sansevero de Nápoles, donde se encuentra la famosa escultura del Cristo velado.

No obstante, Zumbo, autodidacta tanto en la escultura como en la ciencia, seguramente es el mejor ceroplastista de la historia.

Esta pieza y otras en las que muestra con exactitud científica los temas más macabros, lo convirtieron en un personaje a medio camino entre el arte y la ciencia. Trabajo para mecenas como el Grand Duque de la Toscana, para el que le hizo hasta cinco modelos muy morbosos con el pretexto tan barroco del memento mori, o recordatorio de que todos hemos de morir. Así que para él hizo cinco figuras que plasman el aspecto de un moribundo, el de un cadáver recién fallecido, el de un cadáver que comienza a descomponerse, con el cuerpo medio corrupto y ya corrompido totalmente y comido por los gusanos.

Todo con un realismo tal que no es extraño que pasara sus últimos años trabajando con cirujanos y científicos, con los que colaboró en la representación de los músculos, pero también de las venas o las glándulas del cuerpo humano.