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Mercurio y Psique de Adriaen de Vries

Publicado por A. Cerra

Mercurio y Psique de Adriaen de Vries

A veces se puede pensar que el arte manierista tan solo tuvo un importante desarrollo en Italia. Sin embargo no fue así, y su influencia llegó a numerosos lugares de Europa. Como por ejemplo a la ciudad de Praga donde gobernaba el emperador austriaco Rodolfo II.

La actual Praga fue declarada la capital del Sacro Imperio Germánico en el año 1583 y allí se trasladó el emperador. Rodolfo II de Habsburgo (1552 – 1612) era un verdadero apasionado del arte. Para empezar fue un gran coleccionista de todo tipo de objetos, especialmente algunos muy raros y fabulosos, así como le encantaba la orfebrería más refinada. Pero además, se convirtió en un importante mecenas, de este modo su corte se iba a transformar en un hervidero de creación en diferentes disciplinas artísticas, el cual tuvo un carácter internacional ya que hasta allí acudieron artistas de todo el continente.

Entre ellos, llegó el escultor Adriaen de Vries (1556 – 1626), de origen flamenco pero que acabó pasando sus últimos años en Praga, e incluso allí murió. Pero antes de llegar a la corte imperial había pasado unos años en Italia, donde trabajó junto a uno de los más grandes escultores del arte manierista: Giambologna, autor de obras de enorme categoría como el Rapto de las Sabinas o su particular visión de Mercurio, el mensajero de los dioses.

Y lo cierto es que la influencia de Giambologna en el trabajo de de Vries es absolutamente innegable. Algo que se puede ver claramente en esta obra de Mercurio y Psique, que aunque la hizo en Praga para el emperador en el año 1593, en la actualidad este bronce se expone en el Museo del Louvre de París.

Es una obra cargada de sensualidad, basta ver el erótico brazo de Mercurio agarrando la pierna de Psique. Pero en absoluto es fruto de una improvisación. En ella todo está muy estudiado. Todo el movimiento de los cuerpos, basado en dos cuerpos enfrentados, que se van a unir en un abrazo casi captado al vuelo. Es una escultura donde todas los formas evocan una sensación de elegancia, algo que se basa en su esbeltez y en el alargamiento, lo cual es una tendencia tanto en la pintura como en la escultura del Manierismo. Un estilo que tuvo un canon de belleza que se había alargado enormemente respecto a las figuras más armónicas del Renacimiento.

De alguna forma, las esculturas de de Vries se puede considerar el cénit de esta tendencia cargada de elegancia y virtuosismo. Y dentro de toda la carrera de este artista itinerante, el bronce de Mercurio y Psique, con su carácter monumental es una de sus grandes obras maestras.