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Mercurio atándose las alas de Pigalle

Publicado por A. Cerra

Esta escultura realizada en mármol es obra del artista francés Jean Baptiste Pigalle (1714 – 1785) la realizó a la edad de 30 años. En la actualidad la obra forma parte de la colección de escultura de estilo Rococó del museo del Louvre de París.

Jean Baptiste Pigalle procedía de una familia cuya profesión tradicionalmente había sido la cantería, y por lo tanto un oficio ya vinculado a la escultura, si bien no en su vertiente más artística. Por ello los orígenes y sus comienzos fueron más bien modestos. No obstante, dada la gran habilidad de Pigalle para el tallado, pronto entró a formar parte de un prestigioso maestro de la época: Jean Baptiste Lemoyne. E incluso posteriormente consiguió el dinero de una beca que le permitió viajar a Roma en el año 1736, ciudad en la que residió durante tres años y donde se empapó tanto del arte clásico como de las obras del arte del Renacimiento y del Barroco.

Mercurio atándose las alas de Pigalle

Mercurio atándose las alas de Pigalle

Cuando regresó a Francia, se estableció durante más de un año en la ciudad de Lyon, pero un tiempo después, precisamente en 1744 y gracias a la calidad de esta obra de Mercurio atándose las alas entró a formar parte de la Academia Francesa.

Una vez alcanzado este alto rango artístico y al mismo tiempo social, gozó de la protección de las más altas instancias, incluido el rey Luis XV y Madame Pompadour. De hecho, siguió ascendiendo en el escalafón porque en 1752 pasó a ser profesor de dicha Academia, e incluso en 1777 fue su rector, logrando finalmente en 1785 el máximo honor siendo Canciller.

Todo ello debido a su maestría escultórica y su saber entender el gusto rococó de la época. Y de toda su producción escultórica, un ejemplo de los más emblemáticos es este mármol.

En él nos presenta a Mercurio, el mensajero de los dioses del Olimpo. Vemos al personaje mirando hacia lo lejos, hacia algún hecho o lugar que merece su rápida intervención. Por ello se está atando sus alas a las sandalias para acudir veloz a ese sitio. Curiosamente, Mercurio no le presta mucha atención a atarse las alas, pero sí que lo hace el escultor que se concentra plásticamente en esa zona de la obra.

El gran acierto de este mármol, es que Pigalle consigue que la escultura tenga infinidad de puntos de vista, porque toda ella está trabajada con sumo esmero, calidad y dulzura de formas.

La obra no se puede calificar de clásica, ni tampoco de barroca en el sentido de la escultura de Bernini, y sin embargo se pueden establecer paralelismos con el Mercurio de Rafael conservado en la Galería Farnesina. En cambio, tiene pocas similitudes con otra escultura igualmente conservada el Louvre parisino y que también presenta en bronce a Mercurio atándose las sandalias (1834) de un escultor francés inmediatamente posterior como Francoise Rude, éste de gustos mucho más románticos.

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