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Alas de retablo de Martin van Heemskerck

Publicado por A. Cerra

Alas de retablo de Martin van Heemskerck

Martin van Heemskerck (1498 – 1574) tomó su nombre de la población holandesa de Heemskerck donde nació. Y en los Países Bajos daría sus primeros pasos como pintor, pero en un momento dado se fue a Roma donde pasó varios años, de 1532 a 1536. Y conoció en profundidad el arte antiguo y el del Renacimiento, algo que cambió su modo de trabajar. Tanto que llegó a decir que todo lo que había hecho antes era propio de alguien que no sabía lo que hacía.

Y de esta manera regresó a su país natal y se instaló en la ciudad de Haarlem. Allí debió pintar el retablo al que pertenecen estas dos tablas laterales, las dos únicas que quedan, ya que la central hay que darla por perdida.

Son dos tablas con sendas parejas de personajes. A la izquierda aparece la Virgen María y San Juan Evangelista, mientras que en la tabla de la derecha se representa a María Magdalena de pie y al donante de la obra en una actitud piadosa.

Sin duda se trata de una obra de alguien que conoce la pintura italiana de su tiempo. Así lo demuestran los trajes antiguos, las joyas, peinados e incluso el tarro para ungüentos que lleva en su mano izquierda la Magdalena. Son figuras con perfiles realmente clásicos y las posturas evidentemente son deudoras del arte de Miguel Ángel, así como esa singular forma de desvelar las anatomías bajo las prendas ceñidas al cuerpo.

Y curiosamente, el personaje que es un retrato del donante de la obra tiene un modo de ejecución muy vinculado con otras obras de arte flamenco. Es una figura más realista, carente del detallismo de algunos artistas contemporáneos del norte de Europa, pero distinta a las otras tres que se identifican en las tablas.

Es un artista de influencia italiana incluso en la forma de trabajar. Por ejemplo, en su modo de crear contrastes entre luz y sombra, algo que hace añadiendo blanco al color de base y empleando blanco puro de plomo en los toques de luz. Así están hechas por ejemplo la transparencia de las sombras en la ropa de la Virgen. Si a eso se le suma la peculiar gama cromática usada en la que no faltan los rosas y rojos cálidos junto a los turquesas muy brillantes, el resultado es de una apariencia algo antinatural.

Y si la tabla central se ha perdido, la verdad es que también están muy mal las pinturas en grisalla que habría en el reverso de estas tablas, y que serían visibles al cerrarse el retablo. Tan solo se intuye que serían dos santos obispos, pero es imposible identificarlos.