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San Andrés de Francesco Duquesnoy

Publicado por A. Cerra

Se trata de una gran escultura de mármol realizada entre los años 1629 y 1640 por el artista Francesco Duquesnoy y que se conserva en el interior de la Basílica de San Pedro del Vaticano.

Es casi contemporánea de otra escultura vecina en el templo vaticano y de idénticos objetivos: la representación de San Longinos de Gian Lorenzo Bernini. Y sin embargo, pese a su proximidad espacial y temporal, ambas esculturas aportan muchas diferencias entre sí, ya que mientras Bernini fue el artista que llevó el Barroco a su máxima expresión escultórica, en el caso de Francesco Duquesnoy, aún teniendo características propias de ese estilo artístico, nunca terminó de abandonar las formas más clasicistas.

Escultura de San Andrés en el Vaticano

Un buen ejemplo se ve en el diferente tratamiento que ambos artistas dan a la forma en la postura de los dos personajes y como visten ambos. Ya que lo que en Bernini es un derroche de movimiento y dramatismo, en el San Andrés de Duquesnoy se convierte en una presentación mucho más sosegada y de espíritu mucho más clásico.

El santo se presenta con un gesto piadoso y suplicante, mirando hacia el Altísimo, representado por la enorme cúpula de San Pedro. Lo cierto es que analizando la producción artística de Francesco Duquesnoy se puede llegar a la conclusión de que produjo sus mejores esculturas cuando acometió obras menos grandiosas, pretenciosas y monumentales que ésta, ya que aquí se puede apreciar cierto desfase entre el cuerpo majestuoso del personaje y la expresión emocional de su rostro.

Esas pequeñas esculturas sobre todo se pueden ver en los primeros años que llegó a Roma, ya que Duquesnoy había nacido en Bélgica. concretamente en Bruselas, y llegó a la capital italiana en 1618, allí empezó a realizar pequeñas obras en bronce y marfil, así como emprendió la restauración de diversos mármoles de la Antigüedad. Pero pronto, dada su indudable maestría artística recibió importantes encargos como este San Andrés o la escultura de Santa Susana para la iglesia romana de Santa Maria de Loreto.

Su aprendizaje restaurando las obras clásicas se manifiesta en la propia postura del santo. Ya que en realidad, él ha trasladado el modelo del Júpiter antiguo a este apóstol. Su idea es representar la santidad en sí misma, de una manera muy objetiva y comedida, por eso las formas clásicas basadas en las leyes más armónicas le sirven para lograr su objetivo. En definitiva, muy distinto al citado Bernini y su obra de San Longinos. Y eso que Francesco Duquesnoy llegó a trabajar con Bernini, concretamente unos años antes en la realización del fastuoso Baldaquino de la misma Basílica de San Pedro del Vaticano.

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